“Cada vez más se exige al ATV un papel activo y autónomo en el funcionamiento del centro veterinario”

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Para Marta Velasco, bióloga especialista en análisis clínicos y ATV en Hospital Veterinari Tres Torres, si se quiere ser una pieza clave en el equipo, asistir de forma correcta a los pacientes y ayudar de la mejor manera al cliente, estar formado es clave.

Cuéntanos un poquito sobre tu formación y cómo crees que ha influido en el desarrollo de tu actividad profesional

En 2010 me licencié como Bióloga en la especialidad de Análisis Clínicos, más adelante hice un máster en Conservación de la Biodiversidad y tengo el título de Ayudante Técnico Veterinario desde inicio de 2018. He hecho formaciones de todo tipo, algunas más relacionadas con el mundo de la salud y el mundo animal como los cursos de introducción al anillamiento científico de aves o el curso de ATV especialista en exóticos; pero también formación en otros ámbitos; por ejemplo, el próximo año realizaré el Máster de Formación del Profesorado, para poder ser maestra algún día.

Y es que aunque creo que en el mundo laboral se peca de “titulitis”, también es verdad que de cara a un posible empleador puede ser llamativo que tengas gran cantidad de formación, especialmente si tiene una vertiente práctica. En mi caso, el hecho de ser Bióloga ha ayudado pero nunca ha condicionado que me escogieran como empleada. Quizá ha tenido más peso el poner en conocimiento las ganas de aprender y la formación realizada como un global, como indicativo de una actitud.

Sin duda, la formación es un aspecto esencial para poder desempeñar la labor de un ATV, ¿consideras que es una profesión muy exigente en este aspecto?

Desde el punto de vista puramente académico, y según mi opinión, la formación que se recibe como ATV suele ser poco exigente y en muchos casos dispar a las necesidades reales. En cuanto al nivel laboral, el tema de la exigencia de formación quizá no es tan evidente como en el caso de los veterinarios, pero si se quiere ser una pieza clave en tu equipo, asistir de forma correcta a los pacientes y ayudar de la mejor manera al cliente, estar formado es la clave. En algunos centros, encontramos que el ATV siempre queda bajo el paraguas paternalista del veterinario, pero cada vez hay más centros en los que se exige al ATV un  papel activo y autónomo en el funcionamiento del centro veterinario y esto requiere de formación.

El conocimiento no ocupa lugar y animo a todo el mundo a que se forme en aquello que le guste o en aquella parte del trabajo en la que más se tiene que enfocar para poder ofrecer un buen servicio y poner en valor su labor.

¿Cómo valoras la cantidad y la calidad de la formación disponible actualmente para los ATV?

En mi opinión, hay muchas opciones de academias, y aunque no todas ofrecen un nivel óptimo, también es cierto que los ATV cada vez se forman más en aquellos centros que ofrecen cursos mejor valorados por otros auxiliares. Lo que también sucede es que muchas escuelas ofrecen cursos complementarios a los de ATV cuyo temario quizás debería venir incluido en el de ATV. Además de las escuelas, los ATV cada vez tenemos más opciones: congresos, artículos, seminarios de profesionales del sector, o plataformas de formación online son algunos ejemplos. El problema en cualquier caso es discernir sobre la calidad de lo que se enseña, ya que fácilmente podemos encontrar artículos o cursillos que ofrecen información no contrastada, tratando al ATV desde un punto de vista poco maduro o que simplemente son apuntes mal estructurados, sin más.

Es importante recalcar que la formación empieza por uno mismo, porque ahora tenemos muchos recursos pero, si queremos aprender, lo mejor es ir en búsqueda de buena bibliografía empezando por los básicos que nadie quiere estudiar: anatomía, fisiología, bioquímica básica, farmacología… A la mayoría de ATV nos falta una base importante y queremos correr mucho. No hace falta pagar una millonada por un curso, teniendo libros en las bibliotecas.

¿Qué aspectos crees que se deberían mejorar?

Para empezar, los cursos de formación de base de ATV deberían ser más completos, empezando desde la base como se hace actualmente pero subiendo el listón de exigencia. Si esto fuera así, el nivel del que se partiría en las formaciones complementarias, congresos y demás sería mayor y creo que esto también motivaría a los auxiliares a seguir formándose.

Por otro lado, cualquier ATV tendría que tener alguna forma de saber si la formación que pretende consumir es de calidad. Cada uno debe de ser un poco crítico y evaluar aspectos como el temario detallado del curso, el hilo conductor, el enfoque del mismo hacia el trabajo del ATV o la calidad y experiencia del profesorado. Pero a veces esta información no se expone de forma clara.

En cuanto a los congresos, creo que han de empezar a cambiar un poco. Cómo manejar al cachorro en su primera visita a la clínica, es algo que ya se ve durante el curso (o debería). Que nos traten como entes maduros es responsabilidad nuestra también. Si asistimos a formación que no aporta valor (aunque sea gratuita), damos pie a que se siga por este camino. Los ponentes han de ser de calidad. Han de aparecer ATV, y ATV con experiencia sobrada en lo que explican, que los hay. Y en el caso de los veterinarios que expongan, que no traten a los ATV como “minivets”. Y hay que centrar el contenido de la formación en nuestro trabajo.

Sara Palasí – Ateuves

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