Cómo evitar el estrés del gato en la consulta

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Un gato estresado en la consulta de la clínica no es un buen paciente. Por eso hay que tratar de hacer su estancia en el local lo más agradable posible.

Los gatos son animales territoriales por lo que el hecho de abandonar su hogar, como ocurre en el caso de la visita al veterinario, les genera estrés, el cual debemos minimizar ya que puede interferir en el transcurso de la consulta.

Los cinco pilares básicos necesarios para el bienestar de los felinos, y que fueron estable­cidos en el año 2013 por la AAFP (American Association of Feline Practitioners) y la ISFM (International Society of Feline Medicine) son aplicables no solo para el hogar sino para la consulta veterinaria, ya que si el animal se encuentra en un entorno tranquilo, la labor del veterinario será mucho más fácil y precisa.

Además, la ISFM en colaboración con la Fun­dación Nestlé-Purina lanzaron en el año 2012 el programa Wellcat for Life con el que pretendían otorgar el certificado de Clínica amable con los gatos a aquellas clínicas que cumpliesen una serie de requisitos para mejorar el bienestar del animal tanto en la consulta como en la hospitalización.

A continuación abordaremos los distintos espa­cios que una clínica de este tipo debería tener en cuenta.

En la sala de espera

En este espacio se tienen que cumplir una serie de condiciones especiales para esta peculiar mascota. Lo ideal sería disponer de una sala de espera específica para los felinos. Con frecuen­cia, y por falta de espacio, es una opción poco factible, pero existen otras:

  1. Dedicar un día especial solo para consultas de gatos.
  2. Atenderlos con cita previa a primera hora para evitar el encuentro con otras especies, ya que el olor de otros animales será motivo de estrés para ellos. Si esto no es posible, sería recomendable pasar a los gatos lo antes posi­ble a la consulta, reduciendo así al máximo el tiempo de espera en la sala.
  3. Colocar biombos para crear un espacio visual solo para ellos.
  4. Posicionar el transportín de cara a la pared y a poder ser en una zona elevada, desde la cual el gato pueda sentirse protegido, escondido y que no perciba ninguna amenaza visual.
  5. Tapar el transportín para evitar los cambios de intensidad lumínica de la sala, la cual debería tener una iluminación tenue.
  6. Para reducir el estrés por el ruido sería ideal que la sala de espera fuese silenciosa o que tuviese música relajante a bajo volumen.
  7. Debe estar limpia para evitar el olor de otros animales, además se puede utilizar un aná­logo de la feromona facial felina para tran­quilizarlo.

En la consulta

Para la realización de una exploración correcta y tranquila deberíamos intentar cumplir las siguientes pautas:

  1. Tener una consulta solo para gatos, si fuese posible.
  2. Tener preparado de antemano todo el mate­rial apropiado para su exploración, así evi­taremos ruidos innecesarios que lo alteren (figura 1).
  3. La consulta debe estar limpia y sin olores y a poder ser con un análogo de la feromona facial felina en difusor para así minimizar el estrés causado por el olor de otros animales y por la posible diseminación de las denomina­das feromonas de alerta que pudieran haber sido liberadas por un paciente anterior.
  4. La luz, al igual que en la sala de espera, debe­ría ser tenue, por lo que debemos evitar una iluminación demasiado intensa, a excepción de la necesaria para realizar alguna prueba, procurando que durante la contención no se dirija su cabeza directamente hacia una fuente de luz brillante.
  5. Debemos disponer siempre de premios, juguetes y toallas con feromonas o hierba gatera con los que podamos distraer la aten­ción del paciente.

Figura 1. Material necesario para la exploración clínica en el gato.

Mientras se realiza la anamnesis es aconseja­ble dejar el transportín en el suelo con la puerta abierta para que el gato, si quiere, pueda salir y explorar la sala tranquilamente, de manera que se habitúe a este nuevo lugar y así reduzca su estrés.

La exploración se realizará en el lugar donde el gato se sienta más cómodo. Si está tranquilo y no se opone, lo ideal sería realizarla encima de la mesa de exploración, colocando encima una superficie antideslizante, a ser posible a una tem­peratura agradable y previamente rociada con feromonas. La exploración, siempre que sea posi­ble, se ha de comenzar desde la parte posterior del animal, para permitir que pueda ver al dueño y se encuentre más relajado. Si por el contrario el animal se estresa aún más con su presencia, habrá que pedirle amablemente que abandone la consulta mientras dure la exploración.

Durante el manejo, debemos guiarnos por la premisa de vísteme despacio que tengo prisa, realizando una exploración lenta, continuada y teniendo siempre en cuenta el carácter y las necesidades específicas de cada paciente. Los gatos jóvenes, por ejemplo, pueden distraerse con juguetes o premios, mientras que a los adul­tos se les debería proporcionar un sitio cómodo de descanso. Lo ideal será acercarnos al animal con una actitud tranquila, hablando con un tono de voz suave y amable para no alterarlo más, y evitar el contacto visual y los movimien­tos bruscos. También hay que sujetarlo en una posición natural para que el gato se encuentre más cómodo y nos permita realizar las pruebas de forma más rápida y efectiva.

Una buena forma de evitar que la propia mani­pulación durante la exploración le cause más estrés es que mientras el dueño juega y acari­cia a la mascota, nosotros aprovechemos para tocarle las orejas, abrirle la boca, etc., y pre­miarlo siempre al momento, para que lo asocie con un estímulo positivo.

Evitar problemas en la exploración

Conocer el comportamiento defensivo del gato es un aspecto fundamental. Se trata de saber interpretar sus respuestas físicas ante la nueva situación estresante, ya que esta desde un punto de vista orgánico puede provocarle un aumento de la temperatura corporal, de la frecuencia cardiaca y respiratoria, o una elevación de los niveles de glucosa en sangre (glucemia), y podrían llevar a la realización de un diagnóstico erróneo.

Los gestos y posturas que con carácter defen­sivo pueda adoptar el gato dificultan el desarro­llo de la actividad clínica. Así por ejemplo:

  • Si el animal tiene miedo tenderá a encogerse para hacerse más pequeño, enrollar la cola hacia sí, las orejas plegadas hacia atrás, las pupilas dilatadas, esconderá el cuello y ense­ñará los dientes, con los músculos faciales tensos, y maullará. Esta postura indica que está intentando evitar cualquier tipo de inte­racción, ya que la primera reacción de un gato suele ser huir. Si no puede escapar y la amenaza persiste curvará el lomo, erizará el pelaje y elevará o pondrá la cola en posición de U invertida, llegando incluso a atacar.
  • Si el animal no tiene miedo y es agresivo, estará dispuesto a atacar directamente y sin previo aviso ante cualquier acción que le resulte desagradable. Esta manifestación física incluye un contacto visual directo, la grupa ligeramente elevada, las extremidades posteriores completamente extendidas, ore­jas ligeramente dirigidas hacia atrás y con piloerección de la cola que mantendrá pegada a las patas posteriores.
  • En el caso de que el animal esté asustado y no hubiese salido del transportín, podríamos desmontar la parte de arriba del mismo y rea­lizar la exploración con el gato en el interior, para así reducir el estrés, que se vería incre­mentado si lo sacamos a la fuerza. Además al realizar la exploración en el interior del trans­portín favorecemos la relajación del animal al estar situado sobre su propia manta o toalla, que tiene un olor familiar.

Extraído de Paola Ximena Pino Verdes, Eva Prieto Couto y Pedro Antonio Valmisa Pulido, Cómo evitar el estrés del gato en consulta, Ateuves 67, págs. 26-30.

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