Cómo habituar a un gato al manejo en la peluquería

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Al contrario que los perros, los gatos se comportan mejor en la peluquería con su propietario de­lante que sin él.

Lo primero que se tiene que tantear es el arreglo perti­nente, de manera tranquila, sin ruidos, ni gritos y con mucha paciencia; si es nece­sario, se tienen que hacer pausas cuando se ve que el gato se pone muy nervioso. Si vemos que alguna actuación le saca de sus casillas, como por ejemplo cortar las uñas, lo dejaremos para el final.

Si es el primer día, solo con los arreglos del manto será suficiente. No queramos hacerlo todo de una vez: cuando se vea que durante el arreglo del pelaje está có­modo y lo acepta, entonces en las siguien­tes sesiones podremos avanzar haciendo el baño y correspondiente secado.

La reacción delante de la sensación de impacto del agua contra su cuerpo pue­de ser muy fuerte. Aquí también lo tene­mos que hacer despacio. Si es necesario, para aplicar el agua, llenaremos un vaso y esparciremos el agua por todo su cuerpo. ¡Una vez que empezamos se tiene que acabar! Si la cabeza no se pue­de bañar por completo, no pasa nada: para ellos el agua es muy traumática y no es fácil que acepten que le tiren agua en la zona de la cabeza.

El secado puede ser el peor momento si no disponemos de cabinas

El siguiente paso es el secado, que puede ser lo más nefasto si solo dispo­nemos de secadores. Un secador genera un ruido del que muchos gatos huyen despavoridos y no se pueden retener por nada del mundo. Lo más efectivo es co­locar unos algodones en sus oídos para que no escuchen tanto ruido (si se colo­can antes del baño también será mejor, porque de este modo protegemos sus oídos de posible entrada de agua).

La otra gran solución para el secado es la utilización de cabinas de secado poco ruidosas. En el mercado existen muchos modelos y a la hora de elegir una es im­portante preguntar al proveedor sobre este aspecto. Os aseguro que gatos que no soportan los secadores, dentro de una cabina de estas ni se inmutan.

El refuerzo positivo

Al final de la sesión, si todo ha ido me­dianamente bien será bueno recompensar a nuestro cliente con una latita de carne o alguna chuchería apetitosa; todo premio será un muy buen recuerdo para él.

Tratar con gatos no es fácil, pero con una buena actitud, sin prisas y con buen ojo para su manipulación podemos te­nerlos en nuestras peluquerías sin nin­gún tipo de problema y con mantos sanos y cuidados. Lo importante es concienciar al propietario que tenga un gato que necesite peluquerías regulares, y después pensar siempre en la mejor opción para el animal. ¡Vale la pena in­tentarlo!

Extraído de: Lidia Guerrero Martín. Manipular un gato en la peluquería. Revista Especies 177, julio-agosto 2014, pp. 20

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