Crónica de un inconformista

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Adrián Pandelet nos cuenta en esta columna su experiencia como profesional en el Reino Unido: desde el momento en el que decidió marcharse hasta su situación actual. 

Adrián PandeletAdrián Pandelet
Enfermero veterinario

Corría el 2013 cuando después de mucho luchar por desarrollar mi carrera profesional en nuestro país, empecé a contemplar la opción de irme al extranjero. Busqué en Google y descubrí un par de webs con bolsa de empleo específicas de nuestra profesión. El nivel de ofertas de trabajo y de oportunidades era abrumador, y es en aquel momento cuando me di cuenta de que por suerte o por desgracia, mi futuro más inmediato estaba fuera de aquí y más concretamente en Inglaterra. Pasó el 2013 buscando ofertas de trabajo y enviando correos electrónicos a diferentes clínicas veterinarias. Conseguí alguna entrevista por Skype pero sin estar físicamente allí es complicado que algo cuaje en serio y más sin estar colegiado y con la incertidumbre de si me podría colegiar o, por el contrario, tendría que empezar a estudiar desde cero.

Después de muchos correos electrónicos con el RCVS (Colegio Oficial de Veterinarios en el Reino Unido, RU), les envié una copia del temario que yo estudié, traducida al inglés, además de todo lo que tuviera que ver con mi formación como enfermero veterinario en nuestro país. Una vez mandado todo esto me dijeron que el temario estudiado era bueno y aceptable, pero querían algo con más nivel de detalle, es decir uno más largo y específico: de las 4-5 páginas que tuvo la primera transcripción pasamos a 56, con sus consecuentes elevados costes.

En julio de 2014 conseguí unas prácticas en una clínica de primera opinión en Liverpool que fue mi primera experiencia con la profesión en Inglaterra, y que me permitió retomar el contacto con cosas como la extracción de sangre, usar las maquinas de analíticas y el funcionamiento diario de la clínica ya que mi última experiencia de trabajo en nuestro país fue del 2007. Fue una experiencia muy bonita el volver a sentirme profesional y tener la sensación de estar haciendo lo que quería hacer.

Ya con todos los documentos enviados al RCVS, recibí un correo de una clínica del sur de Inglaterra que buscaba un auxiliar (allí diferencian entre auxiliar y enfermero veterinario, ya que la carrera de enfermería veterinaria existe como tal), y eventualmente conseguí el trabajo. Pasé allí los siguientes 8 meses y fue una experiencia profesional muy enriquecedora. No obstante, debido a la carencia de personal para formar a enfermeros, en el 99,9 % de los casos es un enfermero veterinario el que te supervisa cuando eres un estudiante de enfermería veterinaria y debido a eso tuve que dejar el puesto, no sin antes buscar otra clínica que tuviera el personal suficiente para poder darme el apoyo necesario para terminar mi formación, que fue la que desde el RCVS me dijeron que tendría que hacer. Es un programa llamado NPL, Nursing Progress Log, que viene a ser una plataforma online con módulos y tareas que se tienen que realizar con casos reales bajo la supervisión de tu tutor hasta llegar a ser competente en cosas como el manejo y la limpieza de un paciente infeccioso hasta la monitorización de la anestesia durante un procedimiento quirúrgico. Esta segunda clínica era también de primera opinión y aprendí mucho, vi casos muy interesantes y trabajé de urgencias y de noches. 

Mis siguientes 2 o 3 experiencias laborales también fueron en clínicas de primera opinión hasta que un día recibí un correo de uno de los centros veterinarios de referencia más grandes de Reino Unido en el cual pasé los siguientes 6 meses. Empecé a trabajar en el servicio de Neurología y Rehabilitación lo cual para mí supuso un antes y un después en la profesión, debido a que cada día podía ver casos muy interesantes: desde resonancias magnéticas, TAC o cirugías espinales, hasta alimentar a animales a través de un tubo y calcular la cantidad necesaria que deberían ingerir en cada toma; en definitiva, tener en cuenta hasta el más mínimo detalle, todo al nivel de un hospital para personas.

Conseguir cualificarme, en 2017, supuso una alegría inmensa y la recompensa al trabajo bien hecho y a tanto sacrificio y esfuerzo. La familia y los amigos se echan de menos y más cuando ya se ha cumplido el objetivo y solo se puede volver a casa una vez al año. 

Ahora mismo trabajo de freelance en RU, aunque las ganas de volver a casa no faltan y poder seguir desarrollándome codo con codo con los grandes profesionales que hay en nuestra tierra, los cuales no tienen nada que envidiar a los de RU. Pero tristemente me encuentro al volver unos días a casa con la misma situación que dejé: sueldos precarios, muchas horas y las rotaciones de personas en prácticas/becarios que pasan unos meses haciendo su formación en centros hospitalarios sin promesas de contratación y sustituyendo la contratación de un profesional de la materia que no solo ayudaría con la formación de esas nuevos profesionales sino que promovería un equipo de trabajo más profesional. Muy a mi pesar me queda una larga temporada en Inglaterra si la situación sigue así.

Creo que las claves para cambiar esto serían: una mayor apreciación por el público en general de la labor veterinaria y lo complicado y costoso que puede llegar a ser formarse y mantener instalaciones y pagar sueldos de profesionales que se desviven por cuidar y curar a sus pacientes; una mayor cultura de seguros y que estos fueran más flexibles y las pólizas más amplias promoviendo con ello el pago por el coste de la factura veterinaria; una mayor y más alta formación del personal de enfermería y sobre todo la reducción del IVA veterinario del 21 %.

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