Diagnóstico de las alergias en gatos

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Los patrones de reacción cutánea pueden estar asociados a diferentes enfermedades. Si las pruebas para descartar los ectoparásitos, las dermatofitosis y las infecciones han dado negativo se debe iniciar el protocolo de diagnóstico de las alergias.

Alergia a las pulgas

La alergia a pulgas es una de las más frecuentes en gatos y es la primera que tenemos que descartar. Se trata de una reacción de hipersensibilidad frente a alguno de los componentes de la saliva de la pulga Ctenocephalides felis.

A menudo el cliente nos dice que no ha observado pulgas en el animal y muchas veces es cierto, pero que no las haya visto el propietario no quiere decir que el animal no las tenga. Además, hay que recordar que son necesarias pocas picaduras de pulgas para iniciar la reacción de hipersensibilidad. Por otro lado, estos gatos, al tener mucho prurito y lamerse constantemente, eliminan las pulgas y es muy difícil encontrarlas.

Ante un propietario reticente podemos intentar demostrar la presencia de pulgas adultas y sus heces mediante la técnica del cepillado: con un cepillo especial para las pulgas y piojos se cepilla enérgicamente al gato sobre una hoja de papel blanca. Así podremos ver las pulgas y sus heces. Éstas se diferencian de la suciedad si al mojar el papel aparecen manchitas rojas.

Pero aunque la anterior prueba resultara negativa, la mayoría de las veces el diagnóstico se obtiene por la respuesta a un control integral de las pulgas. Debemos tratar las pulgas tanto en el animal afectado como en los animales que conviven con él y el ambiente. Nosotros recomendamos el uso cada 15 días de un producto spot-on sobre el gato como la selamectina o imidacloprid. Para el ambiente solemos utilizar un producto que contenga permetrinas con una frecuencia semestral. En los casos más complicados para controlar al 100% las pulgas solemos añadir al tratamiento un regulador del crecimiento de los insectos como el lufenurón, que puede ser eficaz combinado con un adulticida.

Alergia alimentaria

Diagnóstico de las alergias en gatos

Figura 1. Pioderma profunda en un gato con alergia alimentaria y leucemia.

Con el término alergia alimentaria o hipersen­sibilidad alimentaria se agrupan todas las ma­nifestaciones clínicas de hipersensibilidad a un alérgeno ingerido (figura 1).

Los alimentos más implicados en la alergia alimentaria felina son el pescado, el cordero, los productos lácteos, el vacuno y el ovino, y con menos frecuencia el pollo, el gluten y los aditivos alimentarios.

El único método de diagnóstico validado para la alergia alimentaria es una dieta de eliminación. Las pruebas intradérmicas o de alérgenos in vitro no han demostrado su eficacia para su diagnóstico.

Para descartar una alergia alimentaria debemos instaurar una dieta de eliminación durante 8-10 semanas. La dieta consistirá en una proteína nueva que nunca antes haya comido el animal. Si al final del periodo de prueba se observa una mejoría del gato, realizamos la provocación con la dieta previa. Si empeora, volvemos a reintroducir la dieta hipoalergénica y, si vuelve a mejorar en un corto periodo, podemos hacer un diagnóstico presuntivo de alergia alimentaria. El paso siguiente consiste en ir reintroduciendo paulatinamente un alimento por semana hasta que aparezcan los síntomas. Si empeora, se cesa de administrar dicho alimento y se vuelve a la dieta de eliminación en exclusiva hasta que vuelva a mejorar.

La dieta de elección es la casera que debemos elaborar según la historia del animal. Debe incluir una proteína que no haya comido el gato y una fuente de hidratos de carbono. Por ejemplo, cordero, pavo, cabra o avestruz como proteína y como hidrato de carbono arroz o patata. Tiene que mantenerse al menos durante 6 a 10 semanas para determinar el efecto óptimo.

Lamentablemente en la actualidad no hay estudios controlados que nos indiquen que la efectividad de una dieta comercial hipoalergénica es la misma que la de una dieta casera.

Es primordial que el cliente esté totalmente implicado en la administración controlada de esta dieta porque el gato no puede comer ningún alimento diferente al prescrito y, si existen otros gatos en la casa, recomendamos que si es posible todos coman la misma dieta. Si conviven con perros, los propietarios deben controlar que el gato no tenga acceso a su comida. Nunca se deben administrar golosinas durante el periodo de prueba. Uno de los principales incon­venientes para su diagnóstico se halla en gatos que viven en el exterior por sus hábitos de caza o acceso a comidas de otras casas; ante esto lo único que podemos hacer es encerrar al animal durante este periodo de prueba, pero muchas veces no es posible.

Si no hay respuesta a la dieta, ya tenemos por exclusión el diagnóstico de dermatitis atópica.

Dermatitis atópica

En el perro la dermatitis atópica es una enfermedad muy bien definida como una predisposición hereditaria a desarrollar reacciones de hipersensibilidad a antígenos presentes en el medio ambiente, pero esto aún no se ha podido demostrar en los gatos. De todas maneras, utilizamos este término para denominar a una dermatitis alérgica una vez descartada una alergia a las pulgas y una alergia alimentaría.

El diagnóstico de la dermatitis atópica es todo un reto para los profesionales veterinarios: clínicamente las tres alergias son iguales, por lo que el diagnóstico se obtiene por exclusión de la alergia a pulgas y la alimentaria una vez descartados los ectoparásitos.

La aparición de los síntomas varía desde los 6 meses a los 8 años y los signos clínicos pueden ser cutáneos y/o respiratorios.

A pesar de que se desconoce todavía la patogenia de la enfermedad atópica en los gatos y el papel de las IgE, la prueba intradérmica es la técnica de elección para el diagnóstico de las alergias para los dermatólogos. Se basa en reproducir localmente el fenómeno de hipersensibilidad inyectando el alérgeno responsable. Otro método es la detención de los alérgenos in vitro en suero.

La prueba intradérmica en gatos es mucho más difícil de realizar que en los perros (figura 2). Además no se han estandarizado las concentraciones ni los extractos para esta especie y se utilizan los mismos que en el perro. La formación de habones (ronchas) eritematosos es más discreta que en el perro y más difícil de valorar. Algunos dermatólogos inyectan fluoresceína en los gatos antes de realizar la prueba, lo cual permite observar las reacciones bajo una luz ultravioleta.

Diagnóstico de las alergias en gatos

Figura 2. Prueba intradérmica en la que se observa reacción positiva a algunos aeroalérgenos.

Las pruebas intradérmicas no están estandarizadas, no todos los veterinarios pueden llevarlas a cabo y, además, son muy difíciles de interpretar en el gato. La serología es una alternativa a las pruebas intradérmicas pero algunos estudios dudan de su valor. El objetivo de ambas pruebas es el de conocer los alérgenos implicados para elaborar una inmunoterapia específica. Y aunque no hay controversia en ambas pruebas y no hay casi estudios controlados, la realidad es que se observa una mejoría del 60 al 78 % de los gatos tratados con inmunoterapia.

Los aeroalérgenos más frecuentemente implicados son los ácaros del polvo (Dermatophagoides farinae). Las alergias a descamación cutánea de los humanos, los pólenes y los mohos son menos frecuentes.

En muchos casos es necesaria medicación antiinflamatoria para el control de los síntomas clínicos de estos gatos atópicos. Los antiinflamatorios más efectivos en la dermatitis atópica felina son los glucocorticoides y actualmente, la ciclosporina. Otras posibilidades son los antihistamínicos, los ácidos grasos esenciales, el palmidrol, etc.

Extraído de Ortúñez, A. y Verde, MT, Manifestaciones de la alergia en gatos, Ateuves 37, pág. 18-23.

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