El dolor en gatos puede ser extremadamente difícil de detectar ya que, a diferencia de lo que sucede en los perros, sus manifestaciones son más sutiles. Por lo tanto, es necesario estar muy atentos a cualquier cambio en su conducta, ya que puede indicar que algo no está bien en su organismo.
Lejos de la creencia popular de que los animales son insensibles, lo cierto es que éstos nos muestran su malestar por medio de cambios comportamentales que nosotros, como profesionales de la medicina veterinaria, debemos reconocer.
El dolor es un mecanismo de protección del organismo, cuya función fisiológica es indicar al sistema nervioso que algo no va bien en una parte del cuerpo. Su definición, según la International Association for the Study of Pain (IASP), es la siguiente: “Experiencia sensorial y emocional desagradable asociada a una lesión tisular real o potencial, o que puede describirse como tal daño”. No obstante, debemos tener en cuenta que, según la especie o la raza, la percepción dolorosa será variable y el comportamiento del animal ante el dolor, también.
Con este artículo pretendemos aproximarnos a la relación que mantiene un animal como el gato con el dolor, pues consideramos que se trata de un binomio frecuente y. lamentablemente, olvidado.
Los antepasados del gato
Si hacemos una breve descripción del gato actual debemos tener siempre en cuenta su origen: el gato silvestre africano. Nos encontraremos ante un animal oriundo de zonas áridas y semiáridas del Norte de África, solitario, muy territorial y que se alimentaba capturando pequeñas piezas. Estas características son muy importantes porque van a definir a un individuo que no puede permitirse manifestar su dolor y que, ante un episodio doloroso, tenderá a esconderse para evitar ser visto en un estado que podría transformarle de cazador en presa potencial, a diferencia del perro que, al ser un animal gregario que vive en manadas, puede permitirse exteriorizar su dolor porque va a contar con la ayuda y protección del resto de miembros del grupo.
Manifestaciones de dolor en gatos
Con el proceso de domesticación se van a producir cambios en el comportamiento social felino y un enriquecimiento de su comunicación, pero no en su actitud ante el dolor. Éste es el motivo por el que, en muchas ocasiones, los niveles de dolor de los gatos que llegan a nuestras consultas son tan elevados. Puede que el dolor en el gato no se manifieste de forma evidente pero, aunque no verbaliza, manda una gran cantidad de señales. Algunas de ellas nos indican que algo no va bien y debemos reconocerlas como una clara manifestación de dolor. Las más importantes, entre otras, son las siguientes:
1El cambio de carácter a agresivo o tímido. Los animales sociables intentarán huir, mientras que los más ariscos reaccionarán con agresividad ante la manipulación del área con dolor. 2La postura. Por lo general será la de un animal decaído, que tenderá a proteger la zona dolorida, con la cabeza agachada, las orejas bajas y la cola hacia el suelo o entre las extremidades posteriores. Normalmente rechazará moverse. Presentará los ojos semicerrados y, si nos acercáramos, podría dilatar las pupilas, echar las orejas hacia atrás, adoptar una postura defensiva y llegar incluso a atacarnos.3En cuanto al grooming (aseo), estará disminuido, presentando así el gato un mal aspecto general con piloerección, apelmazamiento del pelaje e incluso manchas de orina y heces. Algunos individuos, en cambio, se lamerán o morderán una zona obsesivamente, llegando incluso a la automutilación.
Signos clínicos de dolor
Además de todos estos signos, en un gato con dolor se van a producir unas manifestaciones clínicas típicas aunque no específicas: aumento de la frecuencia cardiaca y respiratoria, de la presión arterial, de la diuresis, de la salivación y del tiempo de relleno capilar, presencia de mucosas pálidas y presencia de midriasis y/o disminución del apetito. En cuanto a los efectos sobre el comportamiento, el dolor intenso provoca signos evidentes como los anteriormente descritos, mientras que el dolor crónico conduce a un decaimiento progresivo con disminución de la actividad. En esta línea, los gatos sénior pueden presentar apatía debido a la presencia de dolor y no a causa de la senectud propia de la edad, lo que implica la importancia de observar al gato y tratarle si hace falta: no hay que dar por supuesto nunca que el gato no se mueve simplemente porque es mayor, negándole de esta manera calidad de vida.
Dolor y estrés
Otro aspecto a tener en cuenta es que cualquier causa de dolor, aparte del daño tisular real, va a provocar en el animal un cuadro de estrés. Y es que siempre que hay dolor, hay estrés (aunque no siempre que existe estrés tiene que haber dolor). Según el tipo de dolencia, este estrés, al igual que el dolor, puede ser de carácter agudo (debido, por ejemplo, a la fractura de cadera de un gato paracaidista) o crónico (por la artrosis de un gato geronte). El estrés es la reacción del gato ante una nueva situación que no le gusta y de la cual desea escapar y se manifiesta aumentando o disminuyendo la actividad, el consumo de alimentos, el juego, el grooming y/o la agresividad. Como vemos, estas manifestaciones son similares a las del dolor físico ya descritas y su presencia puede agravar los efectos propios de la dolencia en sí e incluso enmascarar su sintomatología. Es el caso, por ejemplo, del gato que realiza una micción inapropiada. Puede ser debido a un estrés propiamente dicho por la llegada de un nuevo gato al hogar o puede ser debido a la presencia de cristales en la orina que provocan un dolor que hace que el gato rechace su bandeja sanitaria habitual: distinguir ambas situaciones es primordial a la hora de tratar a nuestro paciente. Lo que debemos tener claro es que reconocer y controlar el estrés es muy importante siempre, pero va a ser fundamental en el caso de los gatos hospitalizados ya que la presencia del mismo puede complicar mucho su recuperación.
¿Cómo se trata a los pacientes con dolor?
En cuanto al tratamiento de los pacientes con dolor, éste va a variar en función del origen del mismo, de la intensidad y de la situación del individuo. No es éste lugar para hablar de medicamentos y dosis en concreto, pero sí para reflexionar acerca de la importancia de conseguir que nuestro paciente tenga una buena analgesia, teniendo en cuenta que, en el caso concreto de los felinos domésticos, no todo debe ser relegado a la farmacopea. Es fundamental ofrecerles un grato paso, o una agradable estancia, por nuestra clínica, ya que de ello va depender, en buena medida, el éxito del tratamiento.
A modo de conclusión, consideramos que es primordial dejar de lado de una vez esas creencias y mitos que, desde sus orígenes, envuelven al gato, confiriéndole ese carácter de gran desconocido que provoca que en muchas ocasiones se le infravalore e, incluso, se ignore su malestar y su sufrimiento. Apartar este velo estereotipado, nos será de gran ayuda al constituir un primer paso en el camino de aproximación al mundo felino, en general, y a la importancia del correcto manejo del dolor en gatos. En concreto, debiendo por ello permanecer atentos a las señales que nuestros pacientes felinos nos mandan cuando se enfrentan a situaciones dolorosas para intentar resolverlas cuanto antes y devolverles así el bienestar que merecen.
Extraído de: Victoria Ortiz Ruiz, ¿Reconoces el dolor en los gatos?, Ateuves nº 30, págs. 28-30.
6 comentarios
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No sé si es significativo algo que hace un gato que vive en el chalet de mi abuela. Ha debido de tener una pelea porque se le notan unos arañazos en la cabeza y en la oreja; cuando le acaricio emite una especie de resoplido muy rápido y cortito, parecido al olfateo de un perro agitado, solo lo hace cuando le acaricio y nunca antes lo había hecho. Es una expresión de dolor de los gatos?
Buenos días Vanesa, para cualquier consulta de este tipo te recomendamos que contactes con tu centro veterinario, ya que son los profesionales que podrán ayudarte adecuadamente. Un saludo.
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