Etiología, diagnóstico y tratamiento de la otitis externa felina

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Con frecuencia, el protocolo que se emplea para tratar la otitis externa canina no resulta idóneo cuando se aplica en casos de otitis externa felina. Es por ello que se hace necesario diferenciar algunos conceptos del tratamiento entre ambas especies.

La otitis es una inflamación del canal del oído y/o del pabellón auricular. El término otitis externa se emplea cuando sólo está afectado el canal externo. Cuando lo están el tímpano y la bulla timpánica, se habla de otitis media. La otitis interna implica un daño del aparato acústico, donde los síntomas neurológicos y la sordera suelen estar presentes.

Etiología de la otitis externa en los gatos

Las otitis suelen ser un problema multifactorial. Los “factores predisponentes” son aquellos que favorecen que se desarrolle una inflamación; los “primarios” son los que producen por sí mis­mos una otitis y los “perpetuantes” son causas que hacen que el proceso se cronifique.

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Factores predisponentes

  • Condiciones ambientales (temperatura, hu­medad).
  • Enfermedades sistémicas (Felv, FIV).
  • Uso de bastoncillos para limpiar los oídos.
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Factores primarios

  • Ácaros de los oídos (Otodectes cynotis).
  • Hipersensibilidad (atopia, alergia alimenta­ria, pulgas) (figura 1).
  • Cuerpos extraños.
  • Otros ectoparásitos (Demodex, garrapatas, Notoedres, etc.) (figura 2).
  • Trastornos de queratinización/lípidos.
  • Enfermedades autoinmunes (pénfigo foliáceo).
  • Masas (pólipos, quistes y neoplasias) (figura 3).
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Factores perpetuantes

  • Infecciones bacterianas.
  • Infecciones fúngicas.
  • Detritus ceruminoso.
  • Cambios proliferativos.
  • Otitis media.
  • Tratamientos inadecuados (reacción irritante o alérgica después de aplicar un tratamiento tópico).

 

¿Cómo abordamos el problema?

Es posible limitar rápidamente los posibles diag­nósticos basándonos en la observación de si el problema es uni o bilateral. Las causas unilatera­les comprenden cuerpos extraños, pólipos, neo­plasias o traumas (otohematoma). Las causas bilaterales incluyen parásitos, alergias, enferme­dades metabólicas (enfermedad sistémica) o au­toinmunes. Las dermatofitosis y las infecciones bacterianas o por levaduras pueden presentarse como un problema uni o bilateral.

El tratamiento adecuado de la otitis externa felina de­pende de un diagnóstico preciso. Se debe evitar la práctica de administrar corticoides para ver su evolución. Una historia clínica detallada es esencial. El examen otoscópico también es bá­sico, ya que es la única manera de determinar si el tímpano y la bulla están afectados. También es la manera más fácil de encontrar ácaros del oído (Otodectes) y masas de distinta naturaleza. La citología es una herramienta diagnóstica im­portante para evaluar los factores perpetuantes; sin embargo, hay que tener cuidado al utilizar bastoncillos cuando se recoge una muestra del oído del gato, especialmente cuando no hay in­flamación y sólo exudado marronáceo, ya que esta manipulación con frecuencia puede provo­car inflamación y complicaciones posteriores. Los cultivos y pruebas de sensibilidad sólo se llevarán a cabo en los casos refractarios o en otitis exudativas severas.

Debido a que muchas veces la otitis felina se debe a una enfermedad metabólica, está indica­do realizar un hemograma, así como determinar el perfil bioquímico, un análisis tiroideo y test FELV-FIV. Las radiografías de rutina raramente aportan información de utilidad a todas las prue­bas previamente realizadas y sería mejor realizar en su caso un TAC para analizar la extensión del problema cuando existen pólipos o neoplasias.

Señales de alarma
Los signos que nos indican que hay algún problema en los oídos incluyen:
• Exudado.
• Olor.
• Rascado o frotamiento de oídos y cabeza.
• Engrosamiento del canal auditivo.
• Sacudidas de la cabeza o inclinación de la misma hacia un lado.
• Dolor.
• Cambios de comportamiento como depresión o irritabilidad.

Técnica de lavado de oídos

Cuando los oídos contienen mucho exudado no es posible explorarlos, por lo que es recomenda­ble hacer una limpieza de los mismos. Siempre que exista dolor es necesario sedar o emplear anestesia general. En una anestesia general, el paciente debe ser intubado, pues si existe per­foración timpánica el líquido de lavado y el exudado pueden llegar a la faringe y producir neumonía por aspiración. Si el conducto auditi­vo está muy edematoso, inflamado o estenosado por alteraciones patológicas crónicas, se aconse­ja administrar prednisolona (1-2 mg/kg) o tria­mcinolona (0,1-0,2 mg/kg) PO, 24 h, durante 4-7 días previos a la limpieza y exploración. Es aconsejable informar al propietario de posibles complicaciones (síndrome vestibular, sordera), aunque suelen ser transitorias.

Previamente a la irrigación se deben tomar mues­tras del cerumen/exudado de cada conducto para su examen citológico, cultivo microbiológico y antibiograma. En casos con abundante cerumen y detritus, la instilación de agentes lubrificantes y ceruminolíticos facilita la limpieza del conducto, aunque para el aclarado lo más adecuado es em­plear solución fisiológica templada. El procedi­miento concluye con la aspiración meticulosa del líquido de lavado y del detritus residual, lo que permitirá la visualización del conducto auditivo y de la membrana timpánica, así como posibles neoformaciones o cuerpos extraños.

Ácaros del oído como causantes de otitis externa felina

Los ácaros del oído (Otodectes cynotis) son el prin­cipal factor primario asociado a la otitis externa fe­lina (figura 4). Puede haber una inflamación muy severa asociada con un pequeño número de ácaros y viceversa. El diagnóstico se puede hacer con el examen otoscópico o mediante el examen micros­cópico del exudado. Respecto a las posibilidades terapéuticas, aunque existen numerosos protoco­los, los siguientes suelen ser efectivos.

  • Selamectina: dos tratamientos separados 3-4 semanas.
  • Imidacloprid: dos tratamientos separados 4 semanas.
  • Fipronil: una gota en cada oído y el resto en la espalda, repetir en 3-4 semanas.
  • Ivermectina oral: 0,3 mg/kg PO una vez a la semana (total 4 semanas) o subcutáneo dos tratamientos con un intervalo de 10-14 días.
  • Preparados tópicos con acaricidas.

Es recomendable tratar a los animales que estén en contacto con el afectado. Existe controver­sia sobre si tratar o no la infección secundaria, pues eliminando los ácaros la mayoría de las ve­ces se resuelve el problema. Si fuera necesario se trataría la misma.

Otitis externa felina Otodectes

Figura 4. Observación de un ácaro Otodectes adulto al microscopio (x40).

Atopia

Los signos de atopia se suelen desarrollar en ani­males jóvenes (6 meses-3 años), aunque pueden aparecer a cualquier edad. La incidencia es menor que la observada en perros. Se puede presentar como un signo más de otras manifestaciones cutá­neas o puede afectar únicamente a los oídos.

Las complicaciones secundarias (infecciones, cambios proliferativos, otitis media, otohema­tomas) se dan con cierta frecuencia.

Diagnóstico de rutina:

  • Otoscopia
  • Exámenes citológicos.
  • Cultivos cuando sospechamos resistencias.
  • Radiografías o TC cuando sospechamos de otitis medias/internas o ante cambios prolife­rativos.
  • Protocolos para la detección de alergia (histo­ria, descartar alergia alimentaria, pulgas, etc.).

Tratamiento de la otitis externa felina

Está dirigido a resolver las infecciones secunda­rias, reducir la inflamación y eliminar los detritus del oído.

Es común observar acúmulo de material en el canal horizontal (recubre el tímpano) en los gatos alérgi­cos. Estos detritus son un nido de infección, origen de irritaciones, dificultan que la medicación llegue a zonas profundas del canal auricular y pueden per­forar el tímpano. Si estos detritus son difíciles de eliminar con lavados en casa, habría que hacer una limpieza bajo anestesia general y tratar la infección secundaria con productos tópicos.

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Terapias tópicas cuando el tímpano está perfo­rado o la integridad del mismo es desconocida:

  • Lavados con vinagre blanco y agua (dilución 1:2 o 1:3): usar diariamente o a días alternos.
  • TrizEDTA: lavar 10-20 minutos antes de po­ner el tratamiento tópico.
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Terapias tópicas antiinfecciosas (basadas en citología):

  • Bacterias (cocos): mezclar fosfato sódico de dexametasona (inyectable, 4 mg/ml) y enro­floxacina (22,7 mg/ml): ratio 2:1 (3-4 gotas cada 12 h).
  • Bacterias (bacilos): mezclar enrofloxacina (22,7 mg/ml) y TrizEDTA; enrofloxacina a una concentración de 10 mg/ml. Llenar el oído cada 12 h.
  • Malassezia y bacterias: mezclar dexameta­sona, enrofloxacina y miconazol 1%: ratio 1:1:2, cada 12 h.
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Terapias sistémicas:

  • Prednisona/prednisolona inicial a 1-2 mg/kg/ día, para reducir la inflamación, el dolor y los cambios proliferativos.
  • Antibiótico oral: cocos (marbofloxacino, en­rofloxacina, clindamicina, amoxicilina/clavu­lánico); bacilos (marbofloxacino, amoxicili­na/ clavulánico).
  • Antifúngico (Malassezia): itraconazol (5-10 mg/kg/24 h).
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Manejo de cambios proliferativos:

La forma más rápida de reducirlos es combinar los glu­cocorticoides sistémicos y tópicos. Para redu­cir una terapia oral agresiva se pueden aplicar inyecciones intradérmicas de triamcinolona (2 mg/ml; máximo 2 mg por gato).

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Manejo de otitis externa atópica crónica:

  • Ciclosporina oral (5-10 mg/kg/día).
  • Hiposensibilización.
  • Antihistamínicos (clorfeniramina, amitriptili­na)/ácidos grasos.
  • Terapia adyuvante y casos no bien contro­lados: tratamiento tópico de dexametasona fosfato sódico (inyectable, 4 mg/ml) y mico­nazol 1%, dos veces a la semana (renovar la solución cada tres meses).

Alergia a alimentos

La otitis debida a alergia a alimentos (figura 5) se puede presentar como un signo más de un cuadro dermatológico o bien puede afectar únicamente a los oídos; además puede presentarse de forma uni­lateral.

Las infecciones secundarias más frecuentes se deben a Malassezia spp. La presencia de eosinofilia en sangre periférica y en las biopsias de piel, nos puede sugerir que estamos ante un trastorno de hipersensibilidad. El diagnóstico se basa en la historia y en la respuesta a una restricción de la dieta. Se confirma cuando el paciente recae ante la exposición al antígeno ofensivo.

El ensayo dietético debe durar entre 8 y 12 semanas y durante la fase inicial se deben ir resolviendo las complicaciones secundarias de la otitis alérgica. La medicación em­pleada se va retirando gradualmente y se evalúa si el problema está bajo control.

Otitis externa felina alergia alimentaria

Figura 5. Alopecia, eritema y costras periauriculares en un gato que mostraba alergia alimentaria.

Cistomatosis ceruminosa/quistes ceruminosos

La cistomatosis ceruminosa es un trastorno no neoplásico relativamente común en gatos donde las glándulas ceruminosas dilatadas secretan un material pardusco. Las lesiones pueden originarse en cualquier área desde el tímpano a través del ca­nal auricular y sobre las zonas medial y proximal del pabellón auricular y base de la oreja. La causa de la formación de estos quistes es desconocida y la media de edad de comienzo es a los 8-9 años.

Cuando los quistes son pequeños son asintomáti­cos, pero cuando crecen y ocluyen parcialmente el canal con acúmulo de detritus, predisponen al de­sarrollo de otitis. Si el tratamiento de la misma no resuelve las lesiones, se debe optar por una resec­ción quirúrgica. Los cistoadenomas ceruminosos (figura 6) tienen un aspecto similar a los quistes, y se ven con mayor frecuencia en la cabeza y pabe­llón auricular de los gatos, aunque ocasionalmente se pueden encontrar en el canal. Estas neoplasias se originan en la porción secretora de las glándulas apocrinas (ceruminosas). El diagnóstico se realiza mediante biopsia y su resolución es quirúrgica.

Otitis externa felina cistoadenomas ceruminosos

Figura 6. Cistoadenomas ceruminosos en el oído de un gato de 11 años.

Pólipos auriculares

Los pólipos son frecuentes en gatos jóvenes, aunque la edad de presentación es muy variable. La mayoría son unilaterales. Muchos crecen del epitelio que recubre la cavidad epitimpánica/timpánica, y se extienden a través del tímpano hacia el canal horizontal o hacia abajo a través del canal auditivo en la faringe posterior.

Los signos clínicos asociados incluyen otitis ex­terna, y/o signos neurológicos (ataxia, nistagmo, inclinación de la cabeza, síndrome de Horner). El crecimiento en la faringe posterior puede producir estornudos, descarga nasal, estertores respiratorios, disnea y disfagia. La etiología de los mismos es des­conocida pero se han propuesto factores genéticos, procesos inflamatorios y agentes infecciosos.

Las terapias de elección incluyen eliminación por tracción (a través del oído o de la faringe posterior) o eliminación por osteotomía ven­tral de la bulla. Las recurrencias por tracción pueden reducirse sensiblemente con dosis an­tiinflamatorias de glucocorticoides (2-3 mg/kg/día inicial) durante varias semanas y realizando lavados y la terapia indicada por la citología.

Otras consideraciones en la otitis externa felina

Una de las principales diferencias en el protocolo terapéutico entre las otitis caninas y felinas, es el uso de medicación tópica. Ésta forma parte básica del tratamiento de la otitis canina, sin embargo, muchas veces puede evitarse en las otitis felinas. En ocasiones, las otitis refractarias felinas pueden tratarse con éxito al discontinuar una terapia tópi­ca; posiblemente se deba a que los gatos tienden a desarrollar reacciones irritantes y verdaderas re­acciones alérgicas de contacto en oídos en mayor porcentaje que los perros. Si a esto añadimos el que los gatos suelen ser más difíciles de manipu­lar a la hora de aplicar medicación tópica en los oídos, en ocasiones se puede provocar un otohe­matoma por el autotraumatismo que se infringen con el rascado y las fricciones.

Cuando los factores perpetuantes como bacterias o levaduras están presentes en las otitis felinas, se debe emplear medicación sistémica aunque no esté afectado el oído medio. Una buena selección em­pírica de antibióticos para los gatos podría incluir la amoxicilina con ácido clavulánico o la clindami­cina. Aunque las cefalosporinas de primera gene­ración son muy útiles en perros, los gatos tienen mayor tendencia a mostrar anorexia o vómitos con estos productos. Con la enrofloxacina hay que te­ner cuidado y no emplearla a altas dosis, pues se han dado casos de ceguera. En otitis fuertemente complicadas con levaduras, se puede emplear el itraconazol a una dosis de 10 mg/kg/día hasta que remita, aunque pueden ocurrir episodios con vómi­tos y/o anorexia. El ketoconazol se debe evitar en pacientes con problemas hepáticos.

Artículo original: Otilia Ferrer Quintana. Otitis externa felina. Ateuves 24, pp. 30-34.

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