Fluidoterapia en pacientes con shock

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Para poder realizar un tratamiento a base de líquidos, es necesario conocer la fisiología de los compartimentos hídricos del organismo, así como estar familiarizado con la fisiopatología de las distintas enfermedades y con los diferentes tipos de sueros que tenemos a nuestra disposición.

La fluidoterapia es la administración parenteral de líquidos y electrolitos, con el objeto de mantener o restablecer la homeostasis corporal. Las tres prioridades esenciales de la fluidoterapia son:

  • Conservar un volumen sanguíneo eficaz constante.
  • Conservar una presión osmótica plasmática normal y equilibrar las composiciones iónicas de cada sector.
  • Conservar una presión normal de iones hidrógeno en los diferentes sectores.

La terapia de reposición de líquidos y sangre constituye un tratamiento adjunto de vital importancia en casos como:

  1. Estado de shock.
    Fluidoterapia en pacientes con shock

    Cateterización en una vía central.

  2. Deshidratación.
  3. Mantenimiento del estado de hidratación, a lo largo de cualquier proceso anestésico o quirúrgico.
  4. Reposición de electrolitos y nutrientes, en caso de alteraciones metabólicas como vómitos, diarrea, insuficiencia cardiaca, insuficiencia renal,…etc.
  5. Vehículo para la administración de medicamentos.

Por todo ello, dividiremos la terapia de fluidos en dos categorías:

1 Aguda: usada en medicina de urgencias, y dirigida a reponer deficiencias de volumen casi exclusivamente, recuperando con ello la presión en los vasos sanguíneos. Son terapias de grandes volúmenes en minutos u horas.

2 Crónica: dirigida a la corrección de desórdenes electrolíticos o de otros parámetros en pacientes hemodinámicamente estables. Son terapias de horas o días con volúmenes mucho menores. No persigue recuperar volumen.

Shock

Podríamos definir el shock como un estado patológico asociado a determinados procesos, cuyo denominador común es la existencia de hipoperfusión e hipoxia tisular en diferentes órganos y sistemas que, de no corregirse rápidamente, produce lesiones celulares irreversibles, fallo multiorgánico y muerte.

Tanto los mecanismos fisiopatológicos que conducen a él, como las manifestaciones y el tratamiento del mismo, difieren en cada caso, dependiendo de la etiología y el tipo de shock, así como del momento evolutivo, del tratamiento aplicado y de la situación previa del paciente (tabla 1). Pueden coexistir distintas causas de shock en un mismo paciente, de forma que el cuadro clínico y hemodinámico no sea típico, lo que puede dificultar su interpretación.

Fluidoterapia en pacientes con shock

Al ser el shock un proceso crítico que amenaza la vida del paciente, la actuación terapéutica debe ser inmediata. El tratamiento temprano de los pacientes en shock es fundamental dado que el retraso en su corrección disminuye las posibilidades de recuperación y favorece la aparición de fallo multiorgánico. De ahí que el objetivo en el tratamiento de estos pacientes sea la restauración de los valores hemodinámicos y sanguíneos. Así, lo primero que se debe tener en cuenta es la optimización del consumo y distribución de oxígeno (tablas 2 y 3).

Fluidoterapia en pacientes con shock

Fluidoterapia en pacientes con shock

Una vez asegurada la función respiratoria, hay que establecer un acceso venoso para la administración de fluidos y fármacos. Los catéteres intravenosos colocados en una vena periférica son una buena opción para una rápida reposición de la volemia. Si se administran fármacos vasoconstrictores es preciso utilizar siempre una vía central, para facilitar el manejo y evitar complicaciones locales.

Fluidoterapia en pacientes con shock

El objetivo primordial de la terapia del shock, independientemente de la causa del mismo, es restaurar el volumen circulante. Esto consiste en rellenar con fluidos el espacio vascular y así recuperar el volumen circulante, si no existen signos de sobrecarga de volumen.

La administración de fluidos permite restaurar el gasto cardiaco puesto que se repone el volumen circulante. Para el tratamiento del shock podemos emplear soluciones cristaloides, soluciones coloides o una combinación de ambas.

Para conseguir una resucitación efectiva con soluciones cristaloides, se requiere una cantidad tres o cuatro veces superior al déficit de volemia. Pueden ser isotónicas, hipertónicas e hipotónicas, en función de si su contenido en sodio es igual, mayor o menor que el del plasma. Cuando se emplean soluciones coloides, una mayor proporción del fluido aportado permanece en el espacio intravascular y, por tanto, se requiere un volumen menor para conseguir una resucitación adecuada.

Extraído de Mónica Rubio Zaragoza y José Mª Carrillo Poveda. Terapia de fluidos en urgencias. Ateuves 10, pp. 14-20.

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