La leptospirosis en perros: signos clínicos y diagnóstico

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Esta enfermedad bacteriana, transmitida por la orina de pequeños roedores, puede producir alteraciones graves en el organismo que pueden comprometer la vida del paciente si no se diagnostica y trata a tiempo.

La leptospirosis es una enfermedad de dis­tribución mundial, causada por una bacteria del grupo Leptospira spp. que pertenece a la familia de las espiroquetas. Existen muchos serovares en la naturaleza, pero unos 250 son realmente patogénicos para los animales. En los perros, Leptospira interrogans es el más fre­cuente con los serovares Icterohaemorrhagiae, Canicola, Pomona, Grippotyphosa, Bratislava y Autumnalis.

¿Cómo se transmite la bacteria? ¿Cuáles son las zonas con más riesgo?

La bacteria se transmite a partir de la orina de pequeños roedores (ratones, ratas) que actúan como reservorios, es decir, que albergan el patógeno pero no presentan signos clínicos. Los gatos, los humanos y también los perros podrían ser portadores asintomáticos y, de esta forma, reservorios, pero se necesitan más estu­dios para demostrarlo.

La leptospira resiste en el medio ambiente en zonas húmedas, protegidas del sol, donde el agua se estanca. Los perros contraen la enfermedad más frecuentemente en zonas climáticas templa­das, durante la primavera y el verano, y después de grandes lluvias. Los estanques, lagos, bosques con charcos y áreas con roedores son zonas con más riesgo. Se cree que los perros de gran tamaño y machos están predispuestos, pero seguramente se deba al estilo de vida que suelen llevar (más tiempo en jardines, bosques y oliendo más el suelo). El perro se infecta por contacto directo de sus mucosas o heridas en la piel con la orina que contiene la bacteria, pero también con el suelo, agua o material biológico contaminado.

Cabe destacar que esta bacteria prefiere tempe­raturas altas (30 ºC), y que la congelación y la luz ultravioleta la inactivan.

Signos clínicos y alteraciones más frecuentes

Existen formas agudas y crónicas de leptospi­rosis, aunque las agudas son las más típicas. La insuficiencia renal aguda, insuficiencia hepática y hemorragias pulmonares son las alteraciones más frecuentes de la enfermedad y pueden estar presentes solas o en combinación. La leptospi­rosis con signos clínicos respiratorios, conocida como síndrome de leptospirosis hemorrágica pulmonar, se describe más a menudo en Europa (Alemania y Suiza) desde 2010.

La Leptospira se localiza normalmente en los túbulos renales y en los hepatocitos, pero no siempre en los alvéolos. Así, se cree que las hemorragias pulmonares ocurren como con­secuencia de toxinas bacterianas, reacciones inmunológicas secundarias o alteraciones hemo­dinámicas y hemostáticas.

Si se presenta en consulta un perro con vómi­tos, aumento del consumo de agua (polidipsia) y/o de la producción de orina (poliuria), icteri­cia, dificultades respiratorias y/o signos de tras­tornos de la coagulación, se puede sospechar de esta enfermedad.

En los análisis bioquímicos es frecuente encon­trar un aumento de la creatinina, de la fosfatasa alcalina y de las aminotransferasas. En la hema­tología se observa trombocitopenia en más de la mitad de los casos, anemia por las pérdidas sanguíneas secundarias a los trastornos de la coagulación, y un aumento de los glóbulos blan­cos (leucocitosis neutrofílica). Además, en la orina se pueden encontrar pérdidas de glucosa sin hiperglucemia, secundarias a la tubulopatía provocada por la bacteria. Esta última prueba es de gran ayuda para sospechar de la enfermedad.

¿Cómo se diagnostica hoy en día?

El diagnóstico definitivo es muy importante para poder decidir del tratamiento correcto. Sin embargo, en muchos casos, los métodos diagnósticos tardan al menos 24-48 horas en tener un resultado y no se puede esperar tanto para empezar el tratamiento. De ahí que sea tan importante detectar los signos clínicos que hacen sospechar de esta enfermedad.

Existen dos métodos para confirmar la enfer­medad:

  • La búsqueda del patógeno mediante la PCR (reacción en cadena de la polimerasa, método directo) a partir de una muestra de sangre y de orina: permite identificar el ADN de la bacteria, y así confirmar su presencia en el organismo. Al principio la bacteria está presente solamente en la sangre, pero luego se eliminará por orina a los pocos días. Es por ello que se tiene que buscar en ambas muestras al mismo tiempo, ya que no es posible saber en qué estado de la infección nos encontramos (ver figura).

  • La búsqueda de anticuerpos M contra la lep­tospirosis (método indirecto): son los prime­ros que se sintetizan durante una infección. Su presencia permite conocer si el perro está o ha sido expuesto a la bacteria. Sin embargo, no permite saber si la infección está en curso. De hecho, los anticuerpos tardan entre 7 y 14 días antes de aumentar en caso de exposición a la enfermedad (ver figura). Este método tarda unos días en ofre­cer un resultado, en función del laboratorio.

Por tanto, es la asociación de estos dos métodos lo que permitirá al clínico determinar la presen­cia de esta enfermedad, y más o menos el estado de la infección.

Extraído de Florian Couronne, La leptospirosis en perros. Ateuves 85, págs 10-12.

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  1. Pingback: Tratamiento y prevención de la leptospirosis canina - Ateuves, para el auxiliar veterinario

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