La nutrición del perro sénior

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Hoy en día los perros viven más años que antes gracias a los avances en medicina veterinaria. Sin embargo el proceso de envejecimiento conlleva una serie de cambios fisiológicos y conductuales a los que hay que adaptarse. La alimentación es uno de los elementos que hay que tener en cuenta.

A medida que el perro envejece aparecen los primeros achaques que pueden manifestarse en forma de artritis, pérdida de pelo, problemas dentales y también conductuales, como el déficit cognitivo. En este último caso, los animales se muestran más intolerantes hacia los niños o las situaciones familiares en las que hay mucho alboroto, suelen dormir de forma intranquila y, en ocasiones, tienen problemas de incontinencia.
Por otro lado, el sentido del olfato y la vista fallan por lo que tienen dificultades para orientarse y se asustan con facilidad. La masa muscular también se reduce con la edad y los animales ya no tienen la fuerza de antes.
En el aparato digestivo, el hígado o el páncreas no trabajan a plena capacidad. Los intestinos tienen más dificultad para extraer los nutrientes de los alimentos consumidos. El colon pierde motilidad y el estreñimiento es algo común. En el sistema cardiovascular, el corazón late a un ritmo más lento y sus válvulas ya no son tan eficientes como antes. Los riñones, por su parte también van perdiendo su capacidad de filtrar.

A la vista de todos estos cambios los animales van a tener necesidades específicas de todo tipo que deberán ser atendidas adecuadamente si se quiere conseguir la misma calidad de vida durante esa etapa. Uno de los aspectos en los que se tendrá que trabajar es el de la alimentación. Sus principales objetivos son por una parte, minimizar las consecuencias negativas que los cambios puedan ocasionar en el organismo del animal mientras todavía está sano y, por otra, enlentecer el proceso de envejecimiento. Sin perder de vista el objetivo anterior también hay que tener en cuenta que no todos los órganos y sistemas envejecen al mismo ritmo.
Este es el principal motivo por el que existen numerosas dificultades a la hora de establecer los requisitos nutricionales específicos de esta etapa de la vida. No obstante, sí que se pueden hacer algunas recomendaciones que son las que veremos a continuación.

¿Cuándo hay que empezar con una dieta geriátrica?

Lo ideal es empezar a cambiar la dieta cuando el animal aún está en perfecto estado de salud y todavía no ha mostrado signos de enfermedad. Es posible que de ese modo se detenga el inicio de los problemas que aparecen en ciertos órganos al no sobrecargarlos. Por ejemplo, una dieta baja en sal no evitará los problemas de corazón pero siempre será más beneficiosa para aquellos perros que tengan un corazón débil. En último término será el veterinario el que decida si es necesario cambiar de dieta y cuál es la más adecuada para el animal en cuestión.

Los nutrientes equilibrados

Como el envejecimiento hace que se reduzca el metabolismo basal y la actividad en general, un animal geriátrico necesitará menos cantidad de energía que cuando era un adulto joven. Para saber si está recibiendo la cantidad necesaria de energía tendremos que fijarnos en su peso y, mejor aún, en su condición corporal.
Si el animal tiene apetito y no se reduce la cantidad de alimento o su densidad energética, es probable que gane peso. Por el contrario, si come menos aunque no gaste tanta energía, es probable que pierda peso. En este último caso se recomienda ofrecerle alimentos con alta densidad energética.
A medida que el animal envejece el aparato digestivo se vuelve menos eficaz, por lo que es recomendable ofrecer una dieta muy digestible para asegurar de esta forma que el organismo recibirá las cantidades necesarias de nutrientes.

Proteínas

La proteína es necesaria para mantener la masa muscular, el buen funcionamiento de los órganos y del sistema inmunitario, así como la actividad de las enzimas. Como el envejecimiento conlleva una pérdida de masa muscular sería conveniente aumentar la cantidad de proteínas de la dieta. Por otra parte, las proteínas son de difícil digestión y su procesamiento requiere una importante actividad del hígado y de los riñones. Como estos órganos puede que hayan sufrido daños con la edad un incremento de la cantidad de proteínas podría empeorar aún más su funcionamiento.
Así pues, nos encontramos con el problema de saber qué cantidad de proteína es la más adecuada para los animales geriátricos. Actualmente se recomienda que el porcentaje de proteínas de la dieta sea ligeramente superior al mínimo que necesita para su mantenimiento un joven adulto y se aconseja que los perros con insuficiencia renal crónica, ingieran una menor cantidad.
Independientemente del estado en el que se encuentre el perro lo importante es ofrecerle siempre proteínas de excelente calidad. Las de origen animal (carne, queso, etc.) son muy adecuadas si bien se deben combinar con las de origen vegetal para satisfacer correctamente las necesidades del animal.

Grasas

Las grasas son fundamentales para el buen funcionamiento del organismo y además son las que hacen que un alimento sea palatable, por lo que no deben faltar en la dieta. Ahora bien, si el perro tiende a la obesidad será necesario reducir el contenido calórico de la dieta y para ello se tendrá que reducir la cantidad de grasas.
Los ácidos grasos esenciales como el linoleicoson beneficiosos para la salud del animal ya que sus metabolitos tienen una menor actividad antiinflamatoria e inmunodepresora. Para satisfacer los requerimientos de ácidos grasos esenciales bastará con comprobar si la dieta contiene aceites vegetales de alta calidad, que permitirán a su vez, que se produzca la absorción de las vitaminas liposolubles.

Hidratos de carbono

Con la edad aumenta la tendencia a padecer diabetes por lo que será necesario disminuir la cantidad de carbohidratos, sobre todo de azúcares simples.
Respecto a la fibra hay que tener en cuenta que es necesaria para el correcto funcionamiento del tracto gastrointestinal y para favorecer el buen estado de la flora intestinal. Por lo que una vez más se recomienda utilizar productos con fibra de muy buena calidad.

Vitaminas y minerales

Los perros geriátricos necesitan la misma cantidad de vitaminas que cuando eran adultos jóvenes, por lo que no es necesario ningún aporte extra. Las dietas comerciales ya incorporan una cantidad suficiente de vitaminas porque es importante su función como antioxidantes.  El cinc es necesario para reparar los tejidos dañados y para fortalecer el sistema inmunitario.
Las dietas para perros geriátricos también tienen en cuenta los cambios que se producen en el metabolismo del calcio y el fósforo y suelen tener una proporción más baja de fósforo para que los riñones no trabajen tanto.

Agua

Un perro sénior también necesitará más agua de la habitual ya que la capacidad de su organismo para mantener el balance hídrico está reducida.

Extraído de María Villagrasa, La nutrición del perro sénior, Ateuves 43, pág. 18-22.

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