La oxigenoterapia en la clínica de pequeños animales: humidificación y monitorización

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Sea cual sea la técnica que utilicemos a la hora de proporcionar oxígeno a nuestro paciente, el flujo de gas debe ser previamente humidificado.

Humidificación

El envío de gas seco a las vías aéreas puede causar inflamación e irritación de las mucosas, además de aumentar el riesgo de aparición de infecciones. La aplicación de humedad al flujo de oxígeno es una técnica simple y sencilla, en la que se hace pasar el oxígeno a través de un recipiente lleno de agua destilada o estéril. Antes de su administración al paciente, es imprescindible la humidificación del flujo de oxígeno, sobre todo en aquellos pacientes con oxigenoterapia de larga duración.

Monitorización

Es indispensable realizar una correcta monitorización del estado respiratorio del animal para comprobar la respuesta al tratamiento administrado, así como determinar el momento en el que la suplementación con oxígeno deja de ser necesaria. En aquellos pacientes en los que los niveles de SpO2 se encuentren entre 98-100 % de manera sostenida, y que no presenten signos de distrés respiratorio, se deberá considerar la retirada de la suplementación de oxígeno. La oxigenoterapia puede ser dañina para el paciente. La gravedad de la lesión depende de la FiO2 y la duración de la terapia. El daño producido en el epitelio pulmonar es secundario a la liberación de radicales libres producidos por el oxígeno. Para evitar estos efectos indeseables de la oxigenoterapia, siempre que sea posible, deberemos mantener la FiO2 por debajo del 50 % (lo que ocurre en la mayoría de las técnicas descritas) y evitar alargar el tratamiento en el tiempo.

Conclusión

La suplementación con oxígeno se debe utilizar en todos los pacientes que presenten taquipnea. Para la estabilización inicial se puede utilizar el flujo directo o la mascarilla, ya que son métodos rápidos y no invasivos para incrementar la FiO2. Las jaulas de oxígeno o incubadoras son métodos de elección en aquellos pacientes de pequeño tamaño en los que no se requiera manipulación. Las gafas o las sondas nasales son buenas técnicas de suplementación de oxígeno a largo plazo, mientras que en los pacientes donde estas técnicas fracasen, se deberá plantear la opción de colocación de un catéter traqueal o realizar una intubación endotraqueal con inicio de ventilación por presión positiva. Se debe monitorizar a los pacientes de manera exhaustiva para evaluar la respuesta a la suplementación con oxígeno y determinar el momento óptimo de finalizar la terapia en aquellos animales que presenten una mejoría sostenida en el tiempo.

Extraído de Milagros Nuez García y Carles Mengual Riera. La oxigenoterapia en la clínica de pequeños animales. Ateuves 92, págs. 22-25.

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