Las diarreas en el conejo: causas y tratamiento

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Entre las patologías más frecuentes que afectan a los conejos se encuentran las diarreas. La mayoría están provocadas por una mala alimentación.

Se define diarrea como un aumento del contenido de agua de las heces, así como de la frecuencia de las deposiciones. Estas diarreas se suelen producir como consecuencia de alguna alteración que im­pide la absorción de agua a en el intestino y desen­cadena una deshidratación del animal que, de no tratarse rápidamente, puede provocar un shock en el paciente, e incluso la muerte.

Por otro lado, una disbiosis es un desequilibrio de la microflora intestinal del animal, ya sea por un sobrecrecimiento bacteriano o por una proli­feración de bacterias patógenas que no forman parte de su flora. Las disbiosis son la principal causa de diarrea en conejos. No obstante, exis­ten diarreas de carácter parasitario, vírico o bacteriano (por bacterias patógenas primarias).

¿Cómo identificar una diarrea en un conejo?

Al igual que ocurre en los perros y los gatos, existen diferentes grados de afectación: desde la producción de heces más blandas, hasta dia­rreas profusas y líquidas. En muchas ocasiones los animales aparecen con el ano, la zona peri­neal y la porción caudal de las patas manchadas.

Es importante no confundir un reblandecimien­to de las heces con una inadecuada ingestión de cecotrofos, puesto que el tratamiento de ambos fenómenos es diferente. Los animales con dia­rrea suelen presentarse en consulta con anorexia, deshidratación e hipovolemia.

El diagnóstico se realiza gracias a la historia clí­nica y al examen físico. En muchas ocasiones no llegamos a saber cuál ha sido el desencadenante del proceso diarreico.

¿Cómo se trata la diarrea?

  • Las diarreas/disbiosis son patologías que en la­gomorfos requieren un tratamiento rápido y, en muchas ocasiones, de urgencia.
  • En primer lugar, y como factores clave para la correcta evolución del paciente, debere­mos proporcionarle una terapia de soporte agresiva, tanto por vía nutricional como me­diante la administración de fluidos. En pa­cientes muy deshidratados o deteriorados, la vía de elección para la hidratación, debe ser siempre la intravenosa (o intraósea en gazapos pequeños con difícil cateterización intravenosa).
  • Hay que hospitalizar al animal en un lugar tranquilo y templado.
  • El manejo del dolor debe ser correcto, tenien­do especial precaución con el uso de AINE (meloxicam, carprofeno, ibuprofeno,.etc.) en pacientes deshidratados.
  • En casos de disbiosis realizaremos un culti­vo y antibiograma o, si no es posible esperar hasta tener los resultados, podemos empe­zar una terapia antibiótica con trimetoprim-sulfametoxazol (30 mg/kg cada 12 h, VO) o enrofloxacina (15 mg/kg cada 24 h, VO).
  • En casos de sobrecrecimientos bacterianos del género Clostridium, el cuadro clínico ge­nerado es consecuencia de la liberación de toxinas por parte de estas bacterias en la luz intestinal y que posteriormente difunden a la sangre provocando lo que se denomina una enterotoxemia. Para tratar esta condición, utilizaremos: metronidazol (20 mg/kg cada 12 h, VO) o colestiramina (2 g en 20 ml de agua cada 24 h, VO).
  • En caso de que se trate de un problema de disbiosis secundaria a una hipomotilidad, el tratamiento que deberíamos instaurar es el mismo que empleamos en el apartado ante­rior.

¿Cómo podemos prevenir una disbiosis/diarrea?

La manera más efectiva de prevenir una disbio­sis es una correcta alimentación con elevados contenidos de fibra y limitados en hidratos de carbono, minimizar el estrés del animal y, en el caso del personal sanitario, la utilización de an­tibióticos correctos para estos animales.

¿Por qué se produce una disbiosis?
• Dietas inadecuadas con elevados niveles de hidratos de carbono y deficientes en fibra: constituyen una fuente de glucosa de fácil aprovechamiento por parte de las bacterias y se reduce la motilidad intestinal debido a los niveles deficitarios de fibra.
• Hipomotilidad: cuando el contenido gastrointestinal está parado, pueden producirse sobrecrecimientos bacterianos secundarios.
• Estrés.
• Toxinas.
• Antibióticos: las características de la microflora intestinal fisiológica de los conejos hacen que estos animales sean muy sensibles a un elevado número de antibióticos administrados de manera oral (estos antimicrobianos eliminan las bacterias beneficiosas desencadenándose de forma secundaria un crecimiento de flora patógena). Ejemplos de ellos serían: amoxicilina-ácido clavulánico, penicilinas, lincomicina, clindamicina, cefalosporinas, ampicilina. Algunos ejemplos de antibióticos que se pueden utilizar por vía oral debido a su mínimo efecto perjudicial sobre la flora intestinal del conejo son: trimetoprim-sulfametoxazol, cloranfenicol o fluoroquinolonas (enrofloxacina y marbofloxacina principalmente).

Extraído de: Beatriz Teso Sánchez y Sergio Barbero Rodríguez, Patologías gastrointestinales en lagomorfos, Ateuves 48, pp. 28-34.

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