Las relaciones sociales en el conejo doméstico

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En los últimos años, el conejo ha pasado de ser un animal de granja a convertirse en un miembro más de la familia en muchos hogares del mundo. Son animales muy sociables, aunque es importante conocer su comportamiento social para que la convivencia sea un éxito.

La visión que se tiene de este animal de compañía es que son mascotas muy sociables, ideales para familias que no busquen un animal demasiado grande o ruidoso, pero ¿nos hemos preguntado cómo nos ven ellos a nosotros, a nuestro entorno, y a otros animales de compañía?

Los órganos de los sentidos

Los conejos perciben el mundo de una forma muy distinta a la nuestra. Su finísimo olfato les permite identificar las marcas olorosas y emplearlas para evaluar su entorno. Además, presentan un excelente sentido del oído (incluso mejor que el nuestro). Sus orejas rotan independientemente, lo que facilita que detecten al depredador. En cuanto a la vista, sus ojos están colocados a ambos lados de la cabeza, lo que les permite tener un amplio campo de visión, pero restringido hacia el frente; además presentan una excelente visión en la oscuridad.

También tienen su comportamiento jerárquico, especialmente los machos, y se manifiesta con el marcaje mediante la orina o con secreciones procedentes de unas glándulas localizadas en la barbilla. Esto puede crear un conflicto con otro animal dominante en la casa, como el gato, lo que acaba produciendo un marcaje continuo de uno sobre otro.

Las vocalizaciones

Muchos pensamos que los conejos son animales extremadamente silenciosos aunque esto no es del todo cierto. Emiten numerosos sonidos pero muchas veces nuestro oído es incapaz de apreciarlos. Los humanos podemos llegar a escuchar cómo rechinan los dientes o incluso cómo ronronean cuando se sienten en un buen hábitat, seguro y cómodo. Por otra parte, el fuerte rechinado de los dientes y los gruñidos (similares a los de los perros pero más bajos) son sonidos de amenaza. Este sonido también lo pueden realizar cuando están enfermos. Cuando se asustan, o ante situaciones de miedo o estrés, pueden incluso sorprendernos al gritar como niños pequeños.

La postura

La postura que adoptan nos da una idea de su estado emocional. En caso de estar relajados, suelen estar total o parcialmente estirados, con los ojos cerrados y con las orejas hacia abajo (señal de que no hay peligro). En caso de sumisión hacia otros conejos o animales, se agachan y estiran las orejas hacia el cuello y el cuerpo, además de apartar la mirada para evitar el contacto visual. Si están alerta levantarán las orejas y las rotarán para escuchar los ruidos del ambiente.

Cómo se relaciona el conejo con las personas

El conejo se relaciona con el ser humano de formas muy distintas, motivadas principalmente, por nuestro comportamiento con ellos desde gazapos. Puede mostrar reacciones negativas, como la agresión, por dos razones:

  • Porque esté lesionado y lo mantenga oculto dado su carácter de presa. Por lo tanto, ante una agresión de este tipo, lo primero que se debe hacer es una evaluación física del animal y buscar dónde está el daño.
  • Porque esté estresado debido al contacto humano. Suele ocurrir por la asociación con experiencias aterradoras o dolorosas. En este apartado cobra especial importancia el trato con los niños que, por su falta de habilidad, coordinación o por pura ingenuidad, causan temor en los conejos. El mal manejo y la mala socialización o bien su ausencia, favorecen del mismo modo la aparición de comportamientos agresivos.

Como solución a los posibles problemas de conducta, muchos veterinarios recomiendan la castración, pero debemos tener en cuenta que con ella solo se eliminan las agresiones causadas por la presencia de hormonas sexuales. Si el animal presenta alteraciones de conducta debidas a experiencias traumáticas, lo recomendable es mantenerlo separado físicamente de los dueños durante un tiempo sin perder el contacto visual y permitir que se adapte a la nueva situación. Tras esta etapa, se retira la barrera y comienza poco a poco el contacto directo.

Cómo evitar agresiones
Una opción fácil para evitar agresiones puede ser ponerlos en una bañera vacía ya que el suelo inestable puede inhibir cualquier comportamiento agresivo en ellos. Lo más recomendable es reunirlos en lugares neutros, donde no suelan pasar mucho tiempo o no hayan estado anteriormente. A los conejos se les debe permitir acercarse y olerse, y si son dos machos castrados, podrán convivir bien durante toda su vida. En el caso de que sean machos enteros no podrán estar juntos nunca porque lucharán por cuestiones territoriales y jerárquicas. Si se trata de dos hembras no esterilizadas, se recomienda separarlas durante el celo. No obstante, hay muchas variaciones individuales: algunos se muestran amistosos o al menos neutrales ya en sus primeras interacciones, mientras que otros requieren múltiples contactos para que cesen las agresiones.

Las relaciones sociales en el conejo domésticoLa relación con animales de su misma especie

Los conejos son animales muy inteligentes, capaces de reconocer a otros conejos y saber si pertenecen a su grupo social o si por el contrario, se trata de extraños.

Lo ideal sería introducir a los nuevos inquilinos a edades tempranas. Si en el hogar ya hay uno o varios conejos de corta edad y de repente se incorpora un adulto, este tendrá más posibilida­des de ser atacado o perseguido. La introducción debe realizarse gradualmente y siempre bajo supervisión veterinaria. En los primeros días, y como señal de amenaza, los animales tenderán a orinar y defecar, dar golpes con las extremidades posteriores al suelo en las zonas más cercanas al recinto del otro conejo, etc. Con el tiempo, las hostilidades irán desapareciendo. Una manera de facilitar la integración y adaptación es tener al nuevo conejo separado del resto mediante barreras durante unos días, pero sin perder el contacto visual. Para controlar el primer contacto sin barreras se recomienda el uso de arneses (conviene acostumbrarlos mediante premios).

Todo este proceso dependerá, como en cualquier otro animal, de su temperamento. De vez en cuando, y a pesar de los continuos esfuerzos y contacto entre dos conejos, estos nunca se lle­varán bien.

A veces las introducciones no son fáciles o no se realizan bien, lo que suele deberse a falta de información o inexperiencia de los propietarios.

En este caso lo mejor es que las presentaciones las realice el veterinario o un experto, en lugares ajenos a la casa donde vayan a convivir. Se pueden producir peleas entre animales, pudiendo llegar a dañarse gravemente uno al otro o incluso matarse, por lo que es bueno tener una toalla disponible para poder separarlos con rapidez.

En resumen, en caso de convivir con otros conejos (son animales muy sociables), lo mejor es que sea entre conejos de distinto sexo, preferiblemente ambos esterilizados.

Cuidado con los niños
En el caso de los niños, es de vital importancia destacar que estos animales son muy frágiles, y que no deberían jugar con ellos ni manejarlos como se hace con otras especies. Las fracturas en las extremidades son frecuentes, debido principalmente a las caídas que se producen desde grandes alturas. Por ello siempre se debe coger al animal poco y desde muy poca altura (sentados preferiblemente), y vigilar a los pequeños de la casa, que normalmente debido a su aspecto adorable pueden confundirlos con juguetes y causarles numerosas molestias.
Nunca se debe coger a los conejos desde arriba, ya que les puede provocar miedo al sentirse acosados por su cazador. Al igual que esto, sujetarles por las orejas, patas o tercio posterior puede producirles graves daños e incluso lesiones que requieran cirugía, sobre todo en la zona sacra y lumbar donde pueden llegar a aparecer lesiones medulares.

La relación con otros animales

La convivencia con perros puede estresar a los conejos, ya que estos pequeños mamíferos en la naturaleza serían una presa y verían al perro como su cazador. Lo ideal sería evitar el contacto directo entre ambos animales nada más llegar a la casa, así como los ruidos bruscos, ya que el conejo puede asustarse. El primer contacto entre ellos debe hacerse en un lugar neutro y sin olores asociados. A partir de aquí se debe intentar una interacción paulatina: dejarlos a los dos en una misma habita­ción e intentar el acercamiento poco a poco.

Con los gatos se debe actuar de forma similar, pero se debe tener en cuenta que los gatos pueden saltar encima de la jaula del conejo y aumentar así su estrés.

Conclusión

Como conclusión hay que decir que debido a que esta especie está teniendo un auge repen­tino como animal de compañía, todavía no están del todo claros sus comportamientos, enfermedades y las pautas que se deberían seguir para cuidarlos de forma correcta. El conejo es un animal muy frágil y asustadizo al que hay que tratar con mucho cuidado, pero también es un animal cariñoso y entrañable que merece la pena cuidar y proteger, eso sí, asumiendo sus necesidades y su especial carácter.

Extraído de Mónica López Echevarría, Alba Nadal Grau y Paula Rodríguez Villamayor, Las relaciones sociales en el conejo doméstico, Ateuves 62, págs. 32-34.  

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