Lesiones por electrocución en mascotas

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Los accidentes eléctricos son raros en perros y gatos adultos, sin embargo, suponen una emergencia muy común, sobre todo en animales menores de un año por morder cables eléctricos o por orinar sobre una fuente eléctrica. La Navidad es una de las épocas en las que más casos se observan, ya que las luces de colores incitan a las mascotas a morder los cables. Otra situación es la relacionada con collares eléctricos utilizados para el adiestramiento canino, como método antiladridos o para corregir el comportamiento.

Las lesiones asociadas al paso de la corriente por el organismo se pueden estructurar en varios niveles:

Lesiones externas

1 Cutáneas

El paso de la corriente eléctrica a través de un organismo origina una elevada producción de calor que va a dar lugar a necrosis de los tejidos.

Pueden existir distintos tipos de lesiones:

  • Marcas eléctricas: se presentan como elevaciones en la piel con forma de cráter (centro hundido) y rodeados de una zona pálida, coincidentes con los puntos por donde penetró y salió la corriente.
  • Metalizaciones: partículas microscópicas del conductor, que en algunas víctimas alcanzan la piel en estado gaseoso y se solidifican al enfriarse el tejido. Estas tienden a concentrarse en los márgenes de las heridas y pueden profundizar alcanzando incluso la dermis.
  • Quemaduras eléctricas: observadas como zonas de necrosis de extensión variable, que aparecen de manera irregular debido a que la corriente no discurre igual por todos los tejidos, y que además pueden seguir progresando en horas sucesivas al accidente. En perros y gatos, pese a poder aparecer en cualquier punto, son más comunes en la cavidad oral y las comisuras labiales.
2Cardiacas

Se van a producir arritmias cardiacas de distinto tipo y gravedad en función de la intensidad de la exposición eléctrica. Dependiendo de si el contacto es con una corriente de alta o de baja tensión pueden dar lugar a asistolia o fibrilación ventricular, respectivamente. Esto causa un fallo cardiaco que a su vez derivará en un fallo respiratorio produciendo la muerte del animal. En un electrocardiograma pueden aparecer otras anomalías como: taquicardia sinusal o bloqueos cardiacos.

3Respiratorias

Los pacientes pueden presentar apnea, taquipnea o cianosis junto con hipoxia o acidosis respiratoria. Estos síntomas son debidos a la presencia de edema pulmonar neurogénico, edema facial o nasofaríngeo, o contracciones tetánicas de la musculatura diafragmática.

En caso de existir edema pulmonar, aparece en los primeros minutos tras la descarga eléctrica, aunque puede progresar durante las primeras 12-24 horas. Este proceso comenzará en los lóbulos caudodorsales, pudiendo extenderse al resto del pulmón.

4Nerviosas

Tras un accidente eléctrico pueden aparecer alteraciones neurológicas como disminución de la conciencia, temblores musculares focales, convulsiones, paresia o parálisis.

Los signos nerviosos centrales son comunes en animales en los cuales el trayecto de la corriente atraviesa el cerebro o la médula espinal.

5Musculares

El paso de una corriente eléctrica de intensidad considerable a través de un músculo va a dar lugar a una contracción intensa, pudiendo provocarle una rotura o una desinserción del hueso.

Lesiones internas

1Celulares

Se produce tumefacción de tejidos, vacuolización y necrosis de las células musculares a consecuencia de daños estructurales en las membranas celulares, predisponiendo a la formación de edemas.

Entre las complicaciones más frecuentes se observan rabdomiolisis y mioglobinuria que, si no se tratan rápidamente, terminarán produciendo una insuficiencia renal aguda.

2Vasculares

Ya que la sangre es un buen conductor, la corriente va a fluir por los vasos sanguíneos dañando las células endoteliales y los miocitos, provocando la aparición de edemas, petequias, equimosis, coagulación intravascular diseminada (CID) y trombosis.

También se ocasionan daños en la capa media, disminuyendo su resistencia, y produciendo hemorragias secundarias. Las zonas que quedan privadas de aporte sanguíneo adecuado, terminarán por necrosarse, aumentando de este modo la dimensión y la profundidad de la quemadura eléctrica. Estas lesiones pueden aparecer incluso semanas después del accidente.

3Nerviosas

Puede apreciarse destrucción completa de las fibras nerviosas, sin que exista afección de los tejidos blandos inervados por ellas. También pérdida o destrucción de las vainas de mielina, sin que se produzca un daño irreversible en la fibra nerviosa.

En este último caso, los síntomas (parálisis o anestesia) son transitorios, volviendo a la normalidad tras su regeneración.

4Alteraciones de la presión sanguínea

Puede aparecer hipertensión secundaria al dolor, que en ocasiones progresa a shock hipovolémico e hipotensión.

Qué hacer en caso de electrocución
Este apartado lo consideraremos a dos niveles: la actuación del propietario y la del personal del centro veterinario en cuanto el animal llegue allí.

Actuación del propietario
Lo más importante es no tocar nunca al animal y apagar la fuente de electricidad (en caso de no poder, utilizar un palo de madera o plástico para separarlo), comprobar el pulso y su respi­ración, colocar un paño frío sobre el punto de contacto para disminuir los daños y llevarlo lo antes posible al veterinario, aunque no presente lesiones aparentes.

En la consulta
El tratamiento dependerá siempre de cada caso y se aplicará de forma individualizada. Aun así, hay una serie de pautas generales:

  • La exploración general del animal permitirá evaluar la gravedad de la lesión (hay que hacer especial hincapié en el estado de las mucosas, que pueden estar cianóticas y el tiempo de llenado capilar, que estará aumentado en caso de shock).
  • Será necesaria la realización de una serie de pruebas complementarias como análisis de sangre (evaluando si existe hipercaliemia, así como hipoalbumine­mia en caso de quemaduras), urianálisis (por si existe mioglobinuria), electrocardiograma (en busca de arritmias cardiacas), medición de la presión arterial y radiografía de tórax (para evaluar la existencia de edema pulmonar de origen neurogénico).
  • El animal deberá ser hospitalizado y monitorizado, pues como ya hemos señalado, las secuelas pueden aparecer en las horas posteriores al accidente.
  • Dependiendo de los hallazgos se administrará fluidoterapia o medicación analgésica, diurética, antibiótica, antiarrítmica, broncodilatadores y oxígeno, todo ello en función de los hallazgos clínicos.
  • En todo momento, se recomienda que el animal esté en unas condiciones ambientales que minimicen su estrés para evitar la complicación del cuadro.
  • Si las heridas bucales no son graves ni extensas, se alimentará al animal con dieta húmeda o bien a través de un tubo de alimentación. En ocasiones, las quemaduras en los labios, encías y tejido periodontal son de tal magnitud que pueden ser necesarias cirugías reconstructivas para que el paciente pueda comer y beber con normalidad.

Medidas de prevención

En lo que a mascotas se refiere, se recomienda camuflar los cables debajo de las alfombras o detrás de los muebles para evitar que los muerdan, desenchufar los dispositivos eléctricos que puedan suponer un peligro cuando se encuentren solas y proporcionarles juguetes que ayuden a desviar su atención para evitar este tipo de accidentes.

Los cachorros, por su naturaleza inquieta y juguetona son los más susceptibles a padecer electrocuciones. A veces se produce el accidente por la necesidad de morder algo para aliviar el dolor asociado al cambio de dentición. De hecho, la población de mayor riesgo corresponde a las mascotas menores de dos años.

Conclusión

En muchas ocasiones los accidentes eléctricos parecen no tener la importancia que realmente poseen, puesto que las lesiones puede que no se manifiesten externamente. Sin embargo, estos producen en los animales grandes daños en la mayoría de las ocasiones, tanto en el momento del contacto como posteriormente. Por ello es esencial tomar medidas de prevención con el fin de evitar la aparición de dichos problemas.

Extraído de Iván Alonso Fernández y Helena Reino Piñeiro, Electrocución en mascotas, Ateuves 73, pág. 20-24.

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