Marketing personal

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Si quieres asegurar tu puesto o progresar, tienes que considerar todos tus puntos fuertes y tus debilidades: vende todo aquello que sabes hacer y compensa con ello lo que se te dé mal. Para ello puedes utilizar técnicas de marketing personal.

¿Qué es el marketing personal?

El marketing personal representa la aplicación de las técnicas habituales de venta al individuo con la finalidad de ayudarle a conseguir sus metas personales o profesionales.

Si realmente quieres hacerte imprescindible pue­des utilizar técnicas de marketing. Lo que uno dice y cómo lo dice es lo que marca la diferen­cia entre dos personas con la misma formación académica. El primer punto para aplicarlo a tu persona es ser consciente de que somos comunicación incluso cuando calla­mos. Por ello es imprescindible comenzar escu­chando (aplica la escucha activa y las técnicas de acompasamiento; imita ese estilo de comunica­ción). A partir de ahí hay que observar e inter­pretar el contexto. El producto es uno mismo, como podría ser un determinado tipo de ali­mento. Para venderlo debes escuchar cuáles son las necesidades que manifiesta el cliente e inter­pretar las que no expresa. Con estos aspectos claros ya podemos inventar la solución y actuar en consecuencia.

Sé discreto
Si deseas que los demás confíen en ti, una de las normas que debes tener muy presente es la discreción. Es una aptitud muy valiosa que consiste en no preguntar ni hablar sobre asun­tos que se conocen acerca de otros clientes, otros profesionales o nuestra propia empresa. También se deben evitar preguntas que exhi­ban excesiva curiosidad o confianza. Una per­sona discreta transmite confianza y seguridad, mientras que parecer lo que vulgarmente conocemos como “cotilla”, puede ser interpre­tado como un peligro en cualquier relación.

En marketing se habla de la “Proposición única de Venta”: es algo relevante y original que puede ser dicho acerca de un producto o servicio parti­cular y que debe expresarse en una frase breve y concisa. Para buscar la nuestra podemos acudir a personas de confianza que nos conozcan bien. Por ejemplo sería algo como “Resuelvo proble­mas de forma rápida y sencilla”, “Me crezco ante las adversidades”, “Actúo con gran control en momentos de estrés”. La clave es conseguir que los demás sepan cuál es nuestro punto fuerte.

También podemos aplicar el análisis estratégico DAFO, en el que confluyen las debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades. Conociendo cada uno de los puntos lo que tene­mos que hacer es incrementar la visibilidad de nuestras habilidades y destrezas personales y disimular nuestras debilidades (sin mentir en ningún momento, por supuesto).

Análisis DAFO

Las conclusiones que se extraen del análisis DAFO sirven para ayudar a establecer los objetivos y a desarrollar las estrategias y programas del plan de marketing que, por un lado, incrementen las oportunidades y fortalezas, y por otro, contrarresten las amenazas y debilidades.

Debilidades: tus puntos débiles, aquellos que limitan o reducen la capacidad de desarrollo efectivo de la estrategia de la empresa.

Amenazas: las fuerzas del entorno que pueden impedirte tener éxito; aquello que dificulta la implantación de una estrate­gia, reducir su efectividad o incrementar los riesgos de la misma.

Fortalezas: tus puntos fuertes: capacidades, recursos, posiciones alcanzadas y ventajas competitivas.

Oportunidades: todo aquello que pueda suponer una ventaja competitiva o una posibilidad tuya personal para mejorar la rentabilidad de la empresa.

Cuatro “P”

Una técnica que podemos aplicar para elaborar nuestro plan de marketing personal es la de las cuatro “P” que valora los cuatro elementos clásicos con los que E. Jerome McCarthy definió el concepto de marketing en 1960: Product, Price, Place, Promotion. Un análisis preciso de cada elemento nos ayudará a desarrollar adecuadamente nuestro objetivo.

1 Producto: somos cada uno de nosotros e incluye nuestra formación, experiencia, actitudes, conocimientos y habilidades. Describe todo lo que aportamos.

2 Precio: puede compararse al valor que tiene la prestación de nuestros servicios en el mercado laboral. ¿Hasta cuánto puedo exigir como sueldo sin dejar de ser rentable? ¿Cuánto estarían dispuestos a admitir mis competidores?

3 Punto de venta: representa el canal mediante el cual el individuo puede hacer llegar sus servicios al mercado o “cliente final”. ¿Cuál es el contexto en el que puedo venderme? ¿A qué distancia estoy dispuesto a desplazarme para trabajar?

4 Promoción: es la manera de darse a conocer, la forma en la que presentamos nuestro perfil a nuestros “clientes” en el mercado laboral. ¿Doy a conocer adecuadamente el fruto de mi trabajo? ¿Pasan desapercibidos mis éxitos y mis esfuerzos?

Fuente: modernmarketing

Extraído de: Natalia Sagarra. El arte de hacerse imprescindible. Ateuves 50, pp. 8-13

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