Monitorización anestésica del sistema cardiovascular

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Ya hemos hablado en otras ocasiones de la monitorización anestésica, de sus objetivos y de los parámetros que hay que revisar. En el artículo de hoy hablaremos del sistema cardiovascular.

Sistema cardiovascular

Junto con el respiratorio se puede afirmar que es el sistema más importante para mantener la homeostasis de todos los tejidos.

El objetivo fundamental del sistema cardiovascular en anestesia es llevar el O2 y el resto de nutrientes a los tejidos. Para que esto se cumpla deben funcionar correctamente tres partes: la bomba cardiaca, el volumen de sangre circulante y la difusión de la sangre a los tejidos.

1 ECG. Si bien la monitorización cardiaca tiene como pilar fundamental el electrocardiogra­ma (ECG) no se debe olvidar que éste refleja la actividad eléctrica del corazón, pero no la mecánica. Se puede tener un ECG normal y un gasto cardiaco muy comprometido.

2 Color de mucosas y tiempo de relleno capilar (TRC). Estos son parámetros rápidos y sencillos de medir. Su vigilancia debe mantenerse desde la premedicación a la recuperación y el control posanestésico. En el caso, por ejemplo, de em­plear a2-agonistas en la sedación, las mucosas pueden aparecer pálidas debido a la vasocons­tricción que producen estos fármacos (figura 2). Una vez que el animal esté en el mantenimiento anestésico, en que el agente hipnótico principal es hipotensor, su color se normalizará. No olvidemos pues, que estas dos medidas son reflejo directo de la perfusión periférica (que al fin y al cabo es el gran objetivo final).

3 Presión arterial (PA). En los últimos tiempos el objetivo ideal con respecto a la PA durante la anestesia era mantenerla lo más próxima posible a la de un animal despierto. Sin embargo, se ha visto que esto no es completamente cierto, pues los requerimientos de un animal anestesiado no son los mismos que los de uno despierto. En cualquier caso, se podría tomar como referencia que se busca que la presión arterial media (PAM) sea mayor de 60 mm Hg. En ausencia de un monitor, la aproximación clásica manual a la valoración de la PA es la toma de pulso. El registro de la fuerza, regularidad, igualdad, simetría y sincronía (pulso FRISS) del pulso es muy importante, ya desde el momento de la valoración preanestésica. Pero no se debe olvidar que la fuerza de pulso deriva de la diferencia entre la sistólica (PAS) y la diastólica (PAD), por lo que un pulso fuerte puede producirse aun teniendo una hiper o hipotensión. Por tanto, un pulso de buena calidad, por ejemplo valorado en la arteria dorsopedal, es un dato adicional y complementario a la medición de las presiones, no sustitutivo.

Al revisar los objetivos de la monitorización, concluimos de nuevo que el objetivo final es el transporte adecuado de O2 y nutrientes, es decir, una adecuada perfusión. Para evaluar si se logra el objetivo se deben recopilar todos los parámetros de la exploración visual y la monitorización. Aun así, para tener la certeza de que la perfusión es adecuada, sería necesaria información adicional a la aquí explicada (como la medición de lactato en sangre o la realización de una gasometría sanguínea).

Extraído de: Ignacio Sández Cordero, Daniel Torralbo del Moral, María Soto Martín. La monitorización en anestesia, ¿dónde debemos mirar? Ateuves 47, pp. 28-31

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