Nutrición del paciente geriátrico canino

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Nuestros animales cada vez son más longevos, debido principalmente al aumento de los cuidados que reciben, y su alimentación es un pilar fundamental para conseguirlo por lo que debe ser lo más ajustada posible a sus requerimientos.

Debemos hacer hincapié en mejorar todos los aspectos nutricionales que este sector demanda, ya que cada vez es más solicitado y es una etapa a la que todo animal antes o después llega.

La esperanza de vida media de todas las razas de perro en España es de aproximadamente once años, pero cada vez tenemos constancia de más casos en los que se sobrepasan las dos décadas. Por tanto, es importante ayudar a que, además de tener una mayor longevidad, la disfruten con la mejor calidad de vida posible.

El momento en el que un perro alcanza la tercera edad viene determinado por diversos factores (genéticos, nutricionales, enfermedades). En general, se fija cuando cumplen las tres cuartas partes de su esperanza de vida, y esta varía según su raza y su tamaño, aunque por norma hablaremos de pacientes geriátricos en perros de pequeño tamaño a partir de los 10 años, en perros medianos a partir de los 8, en perros grandes a partir de los 7 y en razas gigantes a partir de los 5 años, aunque debemos estudiar cada caso en particular.

Cambios en el animal geriátrico

Pueden presentarse antes o después en el tiempo y en mayor o menor grado.

  • Reducción de su tasa metabólica, queman peor las grasas y aumentan sus depósitos en el organismo.
  • Pérdida de masa muscular y tejido óseo -cartilaginoso.
  • Menor ejercicio o actividad.
  • Disminución del rendimiento cardiaco respecto al animal adulto.
  • Cambios urinarios e intestinales (incontinencia, estreñimiento).
  • Déficits cognitivos y/o alteraciones en el comportamiento (por ej.: agresividad por dolor, apatía, letargo), cambios de horarios sueño-vigilia, pérdida de capacidad visual o auditiva, disminución del estado de alerta.
  • Cambios en la apetencia por el alimento (desde la anorexia a voracidad compulsiva).
  • Halitosis (por sarro, placa bacteriana, enfermedad metabólica).
  • Cambios en la piel: pérdida de elasticidad cutánea, hiperpigmentación o hipopigmentación, aparición de masas cutáneas, aumento del olor corporal.

Concienciación del propietario

La concienciación del propietario es un elemento crucial a la hora de decidir qué tipo de alimentación recomendamos a nuestros clientes. Hemos de ser capaces de transmitir la importancia de la prescripción nutricional. Cuando preguntamos directamente: “¿Qué come su perro?”. La respuesta habitual es: “Su pienso”. Sin embargo, cuando los propietarios se relajan “confiesan” que para darle su pastilla la camuflan en chorizo, queso, etc., restándole importancia, ya que tienen normalizado que si algo no le hace daño a ellos, al perro tampoco y otras falsas creencias como que comer todos los días lo mismo es “aburrido” o no es sano para su animal. En ocasiones hemos tenido casos en los que para que se tome la pastilla antiparasitaria acaban usando un paquete entero de salchichas o que la toma de pienso la mezclan con comida de casa, añaden arroz por rutina, etc. Debemos advertir que estos extras están interfiriendo gravemente en el balance de nutrientes ya que en proporción para el peso del animal suponen mucho más que para un humano.

La obesidad aparece en 1 de cada 3 animales gerontes. Casi nunca un propietario de un perro obeso nos dirá que come en exceso: “Pues come poco, le pongo un puñado de pienso y no se lo termina”. Cuando la realidad es que el perro desayuna, come, merienda y cena a la vera de su dueño y “algo cae”. En estos casos esos extras superan en muchas ocasiones dos o tres veces los requerimientos energéticos del animal, por lo que recomendando un pienso para la pérdida de peso no se conseguirá ningún efecto.

Al final, de nada sirve nuestra recomendación si el propietario no lleva exactamente a cabo la pauta de cantidad y número de tomas. Por tanto, elegiremos el alimento también pensando en el dueño y sus posibilidades para facilitar el cumplimiento de la dieta, a veces ofreciendo varias opciones y siempre explicando de forma clara por qué es necesario en su caso y qué riesgo supone para el animal no cumplirlo. Además, fijaremos un plazo para una revisión y verificaremos si se han conseguido o no los objetivos de la nueva dieta. Los cambios han de ser graduales y al principio es recomendable optar por muestras o envases pequeños para comprobar que el nuevo alimento es bien tolerado y es palatable.

Extraído de Ana Olivar, Nutrición del paciente geriátrico canino. Ateuves 90, págs. 19-22.

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  1. Pingback: Composición de la dieta en perros geriátricos - Ateuves, para el auxiliar veterinario

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