Optimismo para el éxito

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¿A quién comprarías más fácilmente: a una persona huraña y malhumorada o a otra sonriente y amable? La respuesta está clara. Ahora te toca trabajar para ser esa segunda opción que tiene el éxito asegurado.

¿Qué es lo que hace que cuando la realidad se muestra adversa podamos transformarla y ver posibilidades para sobrellevarla? ¿Por qué muchos fracasos u obstáculos se vuelven desa­fíos para algunos, mientras que para otros resul­tan experiencias devastadoras?

Según escribe Daniel Goleman en su libro La inteligencia emocional, “todas las personalidades exitosas, desde los deportistas hasta los músicos, tienen en común un punto: la capacidad de moti­vación personal para llevar a cabo una rutina de entrenamiento que les permita llegar al podio”. De hecho, la falta de motivación, personal o de equipo, es uno de los errores que conlleva pérdidas económicas importantes en cualquier empresa.

Mantenerse optimista

Hay muchos factores que influyen para que un profesional, sanitario o no, tenga éxito en su carrera. Uno de ellos es la actitud que muestra ante la vida, y sobre todo ante los desafíos que se nos plantean a lo largo del camino. Ser opti­mista no sólo es desear que ocurra lo mejor, que se esté exento de problemas o negarse a verlos y decir que todo es de color rosa. Significa hacer un esfuerzo y orientar nuestra energía para encontrar soluciones, ventajas y oportunida­des; significa asumir responsabilidades y tomar decisiones, decidir seguir adelante y aprender de todas las situaciones. Implica emprender acciones con dedicación, persistencia y entu­siasmo para que los hechos positivos sucedan. Así mismo exige revisar nuestras acciones para mejorar lo que está mal, y huir de la simple crí­tica o la queja que no lleva a ningún puerto.

Ser optimista es una filosofía de vida. Si no lo eres por naturaleza puedes trabajar y esforzarte para serlo. Es como el deporte, al principio es duro, pero cuanto más lo practiques mejor te saldrá. Exige esfuerzo y voluntad inicialmente.

Para cultivar esta actitud te propongo unos ejercicios:

  • Si un problema tiene solución y está en tus manos, no te preocupes y ponte en marcha (un cliente solicita un artículo que ya no está disponible en la clínica, pero hay otros simila­res y de gran calidad, reorienta la venta hacia ese producto). Si por el contrario no está en tus manos, mantén la calma. Dejarte invadir por el estrés y la ansiedad no va a mejorar la situación.
  • Cuando se cierre una puerta, busca una ven­tana. Es difícil, pero si estás atento y consi­gues dominar tus emociones serás capaz de reflexionar para encontrarla.
  • Si te gusta subir montañas sabrás que no se alcanza la cumbre en dos pasos. En el trabajo ocurre lo mismo: si cada día das un paso tras otro con seguridad alcanzarás tus metas de uno u otro modo disfrutando del camino.
  • Aprende a reírte de ti mismo de las situacio­nes; así eliminarás tensiones y restarás impor­tancia a los problemas.
  • No temas al fracaso, además, lo que hoy parece trascendental al cabo de los meses habrá disminuido de importancia. Por ello es importante analizar cuanto sucede y poner soluciones. Si te caes, levántate rápido.
  • Cárgate de energía positiva, rodéate de gente alegre y haz algo que te guste de vez en cuando.

Además debes saber que, según una encuesta realizada por la Universidad de Kansas (EE. UU.) y la empresa de demoscopia Gallup, los seres humanos son optimistas por naturaleza y ¡España es el quinto país más optimista del mundo!

¿Eres un profesional optimista?

Tal vez consideres que eres un vendedor opti­mista porque cuando tu jefe plantea como objetivo la venta de determinados productos para el mes empieces con un gran entusiasmo. Presentas el producto con ganas y les explicas sus virtudes a los clientes, respondes a sus dudas y les describes una y otra vez todas sus características, esperando hacer todas las ven­tas posibles.

Además tienes don de gentes y generalmente caes bien. Te explicas con claridad e inspiras confianza. ¡Enhorabuena! Vas por muy buen camino. Pero ¿qué ocurre si no consigues tu objetivo? ¿Te rindes, te desilusionas y te desin­flas como un balón de playa?

Si realmente eres optimista no te rendirás con facilidad ni te afectará seriamente el fracaso. Al contrario, lo aprovecharás para aprender qué es lo que no ha funcionado, lo comentarás con el veterinario para comprobar si hay algo que no hayas entendido o explicado bien y pondrás los medios para mejorar.

Hay que hacer el esfuerzo de ver estas acciones infructuosas del trabajo como experimentos de aprendizaje de estrategias y no como esfuerzos que caen en saco roto. La principal diferencia es que plantearte así las cosas te dará fuerza y te permitirá sentirte mejor, de modo que retroali­mentará tu bienestar.

Un auxiliar optimista sabe distinguir las causas aje­nas de una mala racha (como la crisis económica y pérdida de poder adquisitivo de los clientes) de las causas internas (tener un mal día o una metedura de pata), y asume su responsabilidad sin crearse un sentimiento de culpa. En cualquier caso debe­mos tomar las riendas y no dejarnos llevar.

Siempre hay alguna manera de mejorar tus técni­cas de ventas y limitar las objeciones del cliente, pero no debes tomar un “no” como un ataque personal. Acepta el rechazo cuando lo experi­mentes, pero elimínalo de tu mente antes de empezar a hablar con el próximo cliente.

También puedes pedir ayuda a algún compa­ñero o al jefe para mejorar tus tácticas de venta. Tal vez te falta profundizar en el producto en cuestión para defender mejor sus cualidades o bien definir un poco más el perfil de los clientes objetivo.

Efectos de la negatividad vs. positividad

Hoy en día sabemos a ciencia cierta que la actitud positiva y optimista de los seres humanos tiene un efecto directo y cuantificable en la salud de las personas, en su capacidad para recuperarse de enfermedades serias y graves, en la calidad de sus relaciones con sus semejantes, en el éxito o fracaso de proyectos profesionales y en el trabajo en general, en la política, en el deporte y en todas las facetas de la vida humana.

Asimismo, conocemos los efectos desastrosos que tiene el pesimismo en nuestra vida: mal humor, hostilidad, estrés, ansiedad, constante preocupación… y además puede ser una epide­mia contagiosa que debe evitarse a toda costa en un equipo veterinario, ya que puede resultar devastador.

Todos conocemos personas negativas que siem­pre tienen algo de lo que quejarse, algo que cri­ticar, que siempre “ven la botella medio vacía” y ven complicado superar cualquier objetivo. Además encuentran fácilmente justificación a sus fracasos, a su indecisión y a sus temores.

Por suerte también existen esas otras que des­tacan por su sonrisa ante la vida; siempre creen que es posible, buscan o crean soluciones. Estas triunfarán en lo que hagan y serán mucho más felices. Rodéate de este tipo de personas, nota­rás cómo mejora tu estado de ánimo. Hagamos caso al doctor Luis Rojas Marcos, autor de La fuerza del optimismo: hay que ser optimista porque “no se gana nada no haciéndolo”.

Haz marketing optimista

Hay una corriente que habla del marketing de las emociones. Ahora se lleva contar historias alegres y esperanzadoras. Casi nadie quiere escuchar fracasos, sino hazañas y logros, por­que inspiran al éxito. Un ejemplo es el de las campañas de Coca-Cola, que van directas al corazón en lugar de al cerebro. El optimismo vende; es lo que algunos llaman el “marketing del buen rollo”.

Algunas frases que acompañan a esta rama del marketing son:

  • “El no ya lo tienes, el sí tienes que buscarlo”.
  • “Las oportunidades pueden estar encima de la mesa”.
  • “Un vaso medio vacío es una oportunidad para vender limonada”.
  • “Las oportunidades están ahí fuera, ¡sal a por ellas!”.

Si quieres aplicar el marketing optimista en tu lugar de trabajo debes lanzar mensajes con sen­tido del humor o que apelen a las emociones de tus clientes, de manera que despierten en ellos una sensación de serenidad y bienestar.

Está estudiado que las personas optimistas viven más y ganan más dinero. Según Eduard Punset se debe a que “los optimistas piensan que sus negocios les van a ir bien, por lo que se sienten más motivados a trabajar, se esfuerzan más y acaban consiguiendo mayores éxitos pro­fesionales y personales”.

Ya que vemos que todo esto no trae otra cosa que beneficios. Os propongo que practique­mos el marketing optimista en nuestro lugar de trabajo porque utilizar la creatividad, la imagi­nación y pensar ideas positivas, además de ser gratis, mejorará nuestra salud.

Ser más optimista en 10 pasos
1. Asume las dificultades como un reto.
2. Asume los obstáculos como un desafío inevitable.
3. Piensa que puedes resolver las contrariedades tarde o temprano. Relativiza su importancia y busca opciones.
4. Cambia tu actitud mental; tú eliges ver la botella medio llena o medio vacía.
5. Modifica tu lenguaje, evita usar palabras como “nunca”, “siempre”, “no puedo” o “no sé.
6. Aprende a decir “no”: evitarás problemas y a la larga te sentirás más seguro y mejor contigo mismo.
7. Utiliza la queja y el reproche solamente si mediante ellos puedes ganar algo.
8. Aléjate de las “personas tóxicas” que solo te aportarán problemas, amargura e infelicidad.
9. Relaciónate con personas entusiastas que te muestren sus fórmulas para afrontar las contrariedades cotidianas.
10. Demuestra gratitud por todo lo que te rodea, revalorízalo día tras día.

Extraído de Natalia Sagarra, Optimismo para el éxito, Ateuves nº 55, págs. 10-12.

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