Problemas de agresividad en el gato

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Cuando un gato cambia de comportamiento y se muestra agresivo con su propietario, pone en peligro la convivencia. Será necesario conocer las causas de dicho cambio para aplicar el tratamiento adecuado e intentar que las cosas vuelvan a ser como antes.

Primero, para entender el comportamiento de un animal, debemos conocer la evolución del mismo a lo largo del tiempo. Con esto nos referimos a que, en el caso de las especies domésticas, debemos tener en cuenta por un lado, el comportamiento de los antepasados salvajes y por el otro, los cambios ocasionados durante el proceso de domesticación.

En el caso de los gatos las necesidades de comportamiento son muy particulares y, si no son entendidas ni respetadas, pueden ocasionar el desarrollo de alteraciones de la conducta entre las cuales podemos citar la agresividad y la ansiedad.

Conocer las particularidades más destacadas del comportamiento normal felino y saber transmitirlas a los propietarios es, sin lugar a dudas, la mejor manera de prevenir posibles alteraciones de la conducta en estos felinos.

También hay que recordar que además de las circunstancias externas puede haber condiciones médicas que contribuyan a fomentar los problemas de agresividad y ansiedad del gato (epilepsia, artritis, enfermedad dental, disfunción cognitiva, etc.). Por esta razón es necesario realizar un examen físico completo para comprobar cuál es su estado de salud y destacar cualquier problema médico antes de aplicar el tratamiento.

Actividad normal

Como saben todos los propietarios estos animales dedican la mayor parte de su tiempo a dormir; a continuación pasan tiempo descansando y, por último, acicalándose (grooming).

Problemas de agresividad

Problemas de agresividad en el gatoSon la segunda causa de problemas más frecuentes después de las alteraciones en la eliminación. Se puede definir la agresión como una compleja variedad de comportamientos provocados por diferentes circunstancias y cuya finalidad es proteger al individuo de una amenaza que él percibe como tal.

El 65 % de la agresividad tiene lugar entre gatos, mientras que el 35 % restante se dirige hacia las personas. Dentro de esta categoría el 78 % de los ataques se dirige hacia los miembros de la familia.

Diferentes circunstancias pueden desencadenar la agresividad en los gatos. Es fundamental entender la causa de su comportamiento agresivo así como su motivación para poder ayudar a resolver el problema. En este sentido el auxiliar deberá formular al propietario una serie de preguntas que le ayuden a descubrir el problema: ¿hacia quién iba dirigida la agresión? ¿dónde sucedió? ¿qué pasó un tiempo antes de que se produjera el incidente? En general podemos decir que muchos problemas de agresividad felina hacia el ser humano son consecuencia de una manipulación excesiva y de la incapacidad de los propietarios para interpretar correctamente el lenguaje felino. Una buena recomendación es dejar que sea el gato quien decida el momento y la duración de las interacciones sociales que establece con una persona.

Elementos desencadenantes del comportamiento agresivo
• Dolor.
• Si se siente molestado mientras descansa.
• Cuando huele o ve a otro gato.
• Si hay demasiados gatos en muy poco espacio.
• Cuando protege sus recursos (cama, territorio, gatitos).
• Al aplicarle disciplina física y/o verbal.
• Cuando se ve obligado a establecer un contacto visual prolongado.
• Al experimentar una manipulación no deseada (sostenerlo, acariciarlo, etc.).
• Cuando se le obliga a adoptar una posición no deseada.
• Al escuchar ciertos sonidos de alta frecuencia (llanto del bebé, tocar el violín, etc.).
• En presencia de gente desconocida.
• Algunos problemas de salud (hipertiroidismo, artritis, etc.).

La mayoría de los ataques de gatos a personas van precedidos de señales comunicativas entre las que cabe citar la erección de pelo, el movimiento violento de la cola, los bufidos y los mau­llidos de baja frecuencia.

Dentro de los problemas de agresividad, podemos encontrarnos con múltiples variantes. Así, tenemos desórdenes en la edad infantil y adolescencia (las conductas agresivas del gato, la ansiedad intermitente de privación, la hiperagresividad primaria), trastornos agresivos relacionados con el gato adulto (la hiperagresividad en un entorno cerrado, el gato acariciador-mordedor, la agresión redirigida, la agresividad intragrupo, la distimia) y trastornos agresivos de origen somático y fisiopatológico (el síndrome “agresividad reaccional” de estados álgicos, episodios alucinógenos recurrentes tras la administración de arilciclohexilamina). De todas ellas, destacamos por su importancia la agresividad redirigida.

Agresividad redirigida

La agresividad redirigida es una secuencia agresiva, asociada a un incremento de la excitación, que tiene lugar cuando el felino no es capaz de acceder al estímulo responsable de la misma y redirige el ataque hacia una persona, otro gato o un objeto. Además, es una de las formas de agresividad más peligrosas para las personas por el tipo de ataques ya que son muy violentos e impredecibles. Aunque el estímulo que los ha ocasionado haya desaparecido, el gato puede mantenerse agresivo varias horas después de haber finalizado este.

Entre las causas desencadenantes más frecuentes podemos citar, los sonidos de elevada frecuencia, la visión, olor o contacto con otro gato y la presencia de gente desconocida.

El diagnóstico de este tipo de agresividad es complicado debido a la dificultad para detectar el estímulo ambiental desencadenante. Tras el primer episodio los ataques pueden producirse por la simple presencia de la víctima sin ser necesaria la presencia del estímulo. Para su diagnóstico hay que saber que es el tipo de agresividad más frecuente, y que conviene realizar un examen clínico exhaustivo descartando así cualquier otro origen. Su identificación se basa en que presenta un patrón inconsistente, hay un detonante medioambiental y un blanco alternativo y los ataques son violentos e imprevisibles.

Antes de instaurar el tratamiento (ver cuadro) debemos decidir si este se lleva a cabo o, por desgracia, se decide eutanasiar al gato. Para ello, se realiza una evaluación del riesgo que este supone para los miembros de la familia. Está desaconsejado en casos en los que haya niños pequeños en casa, si hay personas con problemas de coagulación o inmunodepresión, con alguna discapacidad psíquica o en el caso de que el detonante ambiental sea desconocido. El pronóstico de este tipo de agresividad es reservado. Sería favorable en el caso de que se consiguiera identificar el estímulo desencadenante y los propietarios tuvieran la capacidad para controlar la exposición del gato a este estímulo.

Problemas de agresividad en el gato

Extraído de Rosalía Domínguez y Cristina Castillo, Alteraciones del comportamiento en el gato, Ateuves 51, 22-25.

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