Qué es la nutrición preventiva

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Un programa nutricional ajustado a las necesidades de cada paciente mejorará la calidad de vida de las mascotas y será un elemento más de fidelización del cliente.

La alimentación tiene tanta importancia que se ha convertido junto con la temperatura, el pulso, la frecuencia cardiaca y el dolor, en uno de los cinco signos vitales que se deben evaluar en cada revisión veterinaria.

Ofrecer a los animales una cantidad adecuada de alimento, elaborado con ingredientes equili­brados y de buena calidad, es una de las mejores maneras que tienen los propietarios de mejorar la salud y longevidad de sus mascotas. No obs­tante, según un estudio del 2003 del AAHA (American Animal Hospital Association), si bien el 90 % de los clientes quiere unas reco­mendaciones nutricionales por parte del veteri­nario, solo un 15 % las había recibido.

En este contexto hablamos de la nutrición pre­ventiva, concepto que podría definirse como “el mantenimiento de la salud del paciente el máximo tiempo posible mediante la integración de la nutrición en un plan de bienestar preven­tivo”. La diferencia con la nutrición terapéutica es que esta última se utiliza para el tratamiento de ciertas enfermedades. Las recomendaciones nutricionales difieren de unos animales a otros y se basan en una variedad de factores como la historia clínica, el ambiente en el que vive el animal o la actividad principal del mismo.

La educación del cliente

Para que la nutrición preventiva funcione, el cliente debe saber qué papel tienen diferentes nutrientes en la prevención de enfermedades y cómo benefician al animal. De otro modo, no le dará importancia y no seguirá nuestros consejos. Hay que hacerle ver que al comprar un alimento seco lo de menos es fijarse en el color del paquete o en la forma de la croqueta. Por el contrario, hay que pedir consejo a un profesional que conoce tanto las necesidades de cada especie como las de cada paciente, para que le aconseje de forma adecuada. En ese apartado entra el equipo vete­rinario: es una oportunidad para proporcionar al cliente las herramientas correctas para ayudarle a hacer una elección informada y específica para su mascota. Le puede “traducir” el significado de las etiquetas de los alimentos y resolver todas las dudas que tenga respecto a la alimentación.

Evaluación del paciente

Incorporar las recomendaciones nutricionales adecuadas a cada paciente a lo largo de su vida no solo es una buena práctica médica sino que también cubre las expectativas del cliente que, cada vez más, valora el tratamiento integral de su mascota.

La participación del auxiliar es fundamental en este proceso. Antes de que el animal sea examinado por el veterinario puede elaborar un cuestionario nutricional que incluya: his­toria médica (enfermedades anteriores, etc.), ambiente en el que vive, edad, raza, género, actividad principal, tipo de alimentación, condición corporal y peso, medicación habitual e historia nutricional.

Este consejo nutricional debe formar parte de un plan de bienestar general personalizado para cada paciente que deberá elaborar el veterinario. Es importante hacerlo ya que, de otro modo, el cliente inquieto buscará la informa­ción en otras fuentes que seguramente serán menos fiables. De este modo se conseguirán dos objetivos importantes: mejorar la salud del paciente y estrechar lazos con los propietarios.

Hablar con el cliente de la nutrición

Para conseguir que la nutrición preventiva sea eficaz, es básico contar con la ayuda del pro­pietario. Y esto no siempre es fácil: los estudios indican que el cumplimiento por parte de los pro­pietarios es muy bajo. No obstante, la aceptación de los protocolos por parte de los propietarios se puede aumentar siguiendo unas sencillas indica­ciones que vamos a explicar a continuación.

Obtener información

Aunque parece que las preguntas de tipo cerrado son más eficaces para obtener una información rápida (por ejemplo “¿cuántas veces al día come la mascota?”), las de tipo abierto permiten que el propietario hable desde su propia perspectiva y ofrezca información relevante que sirva para establecer el plan nutricional (por ejemplo, “¿en qué se basa para esco­ger el alimento de su mascota?”).

Tus propios recursos
Hoy en día es frecuente que el propietario se presente en la consulta y diga que toda la información la saca de Internet. O bien puede pasar lo contrario: que se sienta tan impresionado por la cantidad de información que hay en la red que no sepa dónde mirar. Si ambas tendencias se saben orientar correctamente, no será un problema.
Para obtener su confianza se le puede dar la dirección de páginas web con información fidedigna.
Algunas están en inglés por lo que no basta con dar solo el enlace, lo mejor es que lo reinterpretes tú según tus necesidades. Aquí puedes tener un papel muy activo: si tu centro tiene página web elabora hojas con preguntas frecuentes, lista de calorías, ingredientes de los alimentos, alimentación húmeda o seca, etc. En Internet podrás encontrar numerosos ejemplos. Además puedes imprimir algunas para conseguir que no olvide todo lo que habéis hablado y haga caso a tus recomendaciones.

Hay que dejar hablar al cliente y no interrum­pirle continuamente para que sienta que lo que dice es importante para todo el equipo y que lo va a utilizar en beneficio de su mascota.

Conviene repetir los puntos más importantes de las respuestas para que el propietario se sienta escuchado y no se disperse con los detalles.

La comunicación no verbal es crítica para enten­der lo que el cliente quiere decir. Si durante el diálogo no deja de cruzar los brazos o de revol­verse en la silla, es necesario asegurarse de que realmente ha entendido lo que le han dicho.

La empatía con el cliente también es algo fun­damental: siempre hay que hacer comentarios positivos, nunca emitir juicios.

Cómo elaborar un plan nutricional

Nutrición preventiva

(CC0 – Snap_it)

Lo primero que hay que hacer es elaborar un historial dietético lo más completo posible. Para ello hay que incluir no solo el alimento seco habitual sino los snacks o cualquier otra golosina que se le ofrezca al animal, incluso las porciones que se utilizan para adminis­trar medicamentos. Esto permitirá calcular de forma precisa el consumo de calorías diario. Por lo general, los propietarios están bastante desinformados en lo que respecta a la alimentación de sus mascotas, de modo que no son conscientes de que los snacks para limpiar los dientes o las recompensas tienen calorías que cuentan en el cómputo global. Así que hay que ser sistemático a la hora de preguntar por los alimentos y no dejarse ninguno. Para ahorrar trabajo al propietario, se le puede dar una hoja con todo lo que tiene que indicar y que la rellene en casa antes de acudir a la clínica (es la opción más cómoda para él ya que en casa tiene fácil acceso al nombre de todos los productos) o bien que la rellene en la sala de espera.

En la bibliografía de este artículo hay algunos ejemplos de cuestionarios que se le pueden ofrecer al propietario. No hace falta seguir­los al pie de la letra. Simplemente se pueden tomar como base para elaborar uno a medida para la clínica y que se pueda establecer como protocolo, de modo que durante cada visita se obtenga información tanto del estado de salud de la mascota como de su nutrición. Esta infor­mación se puede incorporar a su historial.

Proporcionar información

Una vez recogidos todos los datos hay que ana­lizarlos y transmitirle al cliente una recomenda­ción nutricional, en caso de que fuera necesario. Pero ¿cómo hay que hacerlo? Algunos estudios indican que los propietarios no entienden el lenguaje en que se comunica su veterinario. Para que las recomendaciones se cumplan es necesario que el cliente entienda lo que se le dice, así que una manera de conseguirlo es preguntarle cómo quiere que se le proporcione la información: esquemas, dípticos, etc.

Para asegurarse de que lo ha entendido todo hay que pedirle que repita lo que ha oído y, con sutileza, corregirle si se ha equivocado en algo.

El lenguaje adecuado

No hay que utilizar un lenguaje acusador tipo “tu gato ha de perder peso urgentemente”. Mejor decir algo como “tu gato tiene un poco de sobrepeso y eso no es bueno para su salud ya que hace que sus articulaciones se debiliten, que le cueste respirar o caminar. Incluso a la larga podría desarrollar diabetes. Así que debe­mos tratar de reducir esos kilos de más para que la salud del animal mejore y lo tengamos con nosotros muchos años”.

Como ya se ha dicho en varias ocasiones, cada animal tiene sus propias necesidades, así que el consejo nutricional debe ser personalizado: hay que decir al propietario cuántas calorías diarias ha de tomar su mascota y la cantidad de comida necesaria para conseguirlo, incluidos los snacks. Igualmente, existen en la bibliogra­fía tablas con este fin.

Conclusión

La nutrición preventiva es una aproximación general a la salud de las mascotas que hace hin­capié en las prácticas alimenticias para reducir el riesgo de enfermedad, mejorar su bienestar y aumentar su longevidad. Para ello, tiene en cuenta diversos factores como la edad, la acti­vidad que realiza, la condición corporal y las características raciales, estas últimas sobre todo en el perro.

El programa de alimentación para cada perro y gato se debe analizar de forma rutinaria y ajus­tarse en función de sus necesidades.

Las labores del auxiliar en este tema son nume­rosas y muy importantes: recoge información a través del historial de nutrición, pregunta al cliente si tiene alguna duda respecto a la infor­mación que le ha proporcionado el veterinario, le ofrece material para que se lo lleve a casa (folletos, tazas de medir, etc.), concierta una cita para interesarse por el estado de su mascota, etc.

Extraído de: María Villagrasa, Qué es la nutrición preventiva, Ateuves 72, págs. 20-24.

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